7 1 Después de esto vi cuatro ángeles, plantado cada uno en un ángulo de la tierra; retenían a los cuatro vientos de la tierra para que ningún viento soplase sobre la tierra ni sobre el mar ni sobre los árboles.
2 Vi después otro ángel que subía del oriente llevando el sello de Dios vivo. Con un grito estentóreo dijo a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar:
3 "No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente con el sello a los siervos de nuestro Dios".
4 Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel:
5 de la tribu de Judá, doce mil marcados,
de la tribu de Rubén, doce mil,
de la tribu de Gad, doce mil,
6 de la tribu de Aser, doce mil,
de la tribu de Neftalí, doce mil,
de la tribu de Manasés, doce mil,
7 de la tribu de Simeón, doce mil,
de la tribu de Leví, doce mil,
de la tribu de Isacar, doce mil,
8 de la tribu de Zabulón, doce mil,
de la tribu de José, doce mil,
de la tribu de Benjamín, doce mil marcados.
EXPLICACIÓN.
1-8. Respuesta a la pregunta anterior. Se detiene la avalancha destructora (1-3), para que sean marcados los que van a subsistir, los que tienen el Espíritu de Dios (4).
Intervalo de paz, los vientos no soplan sobre la tierra (1). Los intervalos son plazos que Dios da para que los hombres recapaciten y renuncien a la injusticia, evitando la destrucción que amenaza y que sus mismas acciones provocan.
Juan adapta la visión de Ez 9,2-4. En ella aparecía un hombre que, con pluma y tinta, marcaba la frente de los que deploraban las abominaciones que se cometían en Jerusalén; la marca era la señal que los salvaría de la destrucción.
Juan cambia la marca con tinta por el sello, en lenguaje cristiano símbolo del Espíritu (cf. 2 Cor 1,22; Ef 1,13). Las doce tribus de Israel: no las del Israel histórico, del que no quedaban sino dos tribus y media, sino las del desierto y las del Israel escatológico, abierto a la humanidad entera. Ciento cuarenta y cuatro (doce por doce), plenitud de antiguo y nuevo Israel; el múltiplo mil se aplica a las realidades históricas en cuanto en ellas se ejerce la acción de Jesús Mesías. Juan omite la mención de la tribu de Dan, conocida por su infidelidad (cf. Jue 18; omitida en 1 Cr 4-7); en su lugar pone la de Manasés, parte de la tribu de José.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
EL SEXTO SELLO: INTERVENCIÓN DIVINA. Ap 6,12-17.
12 En la visión, cuando se abrió el sexto sello se produjo un gran terremoto, el sol se puso negro como un sayo de pelo, la luna se tiñó de sangre.
13 y las estrellas del cielo cayeron a la tierra como caen los higos verdes de una higuera cuando la sacude un huracán.
14 Desapareció el cielo como un volumen que se enrolla y montes e islas se desplazaron de su lugar.
15 Los reyes de la tierra, los magnates, los generales, los ricos, los potentes y todo hombre, esclavo o libre, se escondieron en las cuevas y entre las rocas de los montes,
16 diciendo a los montes y a las rocas: "Caaed sobre nosotros y ocultadnos (Os 10,8)de la presencia del que está sentado en el trono y de la cólera del Cordero,
17 porque ha llegado el gran día de su cólera y ¿quién podrá subsistir?
EXPLICACIÓN.
12-17. Violento terremoto y, al mismo tiempo, un cataclismo en el cielo. Se concebía el firmamento como una bóveda que cubría la tierra; en ella se situaban los astros. La caída de éstos provocaría el caos en la tierra, regida por ellos. En la visión de Juan el cielo mismo desaparece al ser enrollado (14).
El oscurecimiento de los astros y la caída de las estrellas eran imágenes proféticas tradicionales /Jl 2,31; Is 13,10; Ez 32,7s; Jl 2,10; 3,15); el sol y la luna eran los dioses de los paganos (Dt 4,9s); su oscurecimiento señala el desprestigio de los valores represntados por el paganismo; la consecuencia es la caída de las estrellas, símbolo de los príncipes que se atribuyen dignidad divina (cf. Is 14,12-14; 24,21; Dn 8,10; Mc 13,24s). Reacción de todas las clases sociales, comenzando por los poderosos (cf. Is 2,10; Os 10,8; Jl 2,11). Finalmente reconocen que no se trata de una catástrofe natural, sino de un juicio de Dios sobre ellos. El efecto de la cólera del Cordero es que los hombres no pueden engañarse por más tiempo sobre la injusticia de sus acciones. Pregunta final desolada: ¿Quién podrá subsistir? La caída de un régimen injusto espanta en primer lugar a los poderosos y da a todos la impresión de que no hay futuro.
13 y las estrellas del cielo cayeron a la tierra como caen los higos verdes de una higuera cuando la sacude un huracán.
14 Desapareció el cielo como un volumen que se enrolla y montes e islas se desplazaron de su lugar.
15 Los reyes de la tierra, los magnates, los generales, los ricos, los potentes y todo hombre, esclavo o libre, se escondieron en las cuevas y entre las rocas de los montes,
16 diciendo a los montes y a las rocas: "Caaed sobre nosotros y ocultadnos (Os 10,8)de la presencia del que está sentado en el trono y de la cólera del Cordero,
17 porque ha llegado el gran día de su cólera y ¿quién podrá subsistir?
EXPLICACIÓN.
12-17. Violento terremoto y, al mismo tiempo, un cataclismo en el cielo. Se concebía el firmamento como una bóveda que cubría la tierra; en ella se situaban los astros. La caída de éstos provocaría el caos en la tierra, regida por ellos. En la visión de Juan el cielo mismo desaparece al ser enrollado (14).
El oscurecimiento de los astros y la caída de las estrellas eran imágenes proféticas tradicionales /Jl 2,31; Is 13,10; Ez 32,7s; Jl 2,10; 3,15); el sol y la luna eran los dioses de los paganos (Dt 4,9s); su oscurecimiento señala el desprestigio de los valores represntados por el paganismo; la consecuencia es la caída de las estrellas, símbolo de los príncipes que se atribuyen dignidad divina (cf. Is 14,12-14; 24,21; Dn 8,10; Mc 13,24s). Reacción de todas las clases sociales, comenzando por los poderosos (cf. Is 2,10; Os 10,8; Jl 2,11). Finalmente reconocen que no se trata de una catástrofe natural, sino de un juicio de Dios sobre ellos. El efecto de la cólera del Cordero es que los hombres no pueden engañarse por más tiempo sobre la injusticia de sus acciones. Pregunta final desolada: ¿Quién podrá subsistir? La caída de un régimen injusto espanta en primer lugar a los poderosos y da a todos la impresión de que no hay futuro.
martes, 21 de septiembre de 2010
EL QUINTO SELLO: LOS MÁRTIRES APELAN A DIOS. Ap 6,9-11.
9 Cuando soltó el quinto sello, vi al pie del altar, con vida, a los asesinados por proclamar la palabra de Dios y por el testimonio que mantenían;
10 clamaban a grandes voces:
- Tú, el soberano, el santo y leal,
¿para cuándo dejas el juicio de los habitantes
de la tierra y la venganza de nuestra sangre?
11 Dieron a cada uno una vestidura blanca y les dijeron que tuvieran calma todavía por un poco, hasta que se completase el número de sus compañeros de servicio y hermanos suyos que iban a sufrir la muerte como ellos.
EXPLICACIÓN.
9-11. Quinto sello (9-10): la calamidad aquí descrita afecta a los cristianos: la persecución y la muerte por proclamar la palabra de Dios y por el testimonio que mantenían; no se verifica en un tiempo posterior al de las cuatro precedentes, presenta la situación de las comunidades en el mismo mundo que sufre las plagas anteriores y es un índice de la injustica de ese mundo (9). Con vida, en gr., tas prykhas, indicando la existencia, la vida, como contraste con la muerte que habían sufrido (cf. Mt 10,28).
Con la frase estaban al pie del altar (nueva imagen tomada del templo de Jerusalén) Juan explica el sentido de esa muerte: tiene el valor de un sacrificio, es decir, la proclamación y práctica del mensaje de Dios, que ha culminado con la pérdida de la vida a manos de los enemigos del hombre (asesinados) ha contribuido a la salvación/liberación de la humanidad.
El clamor (10) de los maŕtires pide con urgencia su propia reivindicación (cf. Dt 32,43). Refleja, sin duda, una pregunta que se hacen las comunidades cristianas. Esa muerte injusta no puede dejar a Dios indiferente; ha de llegar un momento en que los asesinos tengan que reconocer su error (el juicio) y los que han muerto como criminales sean reivindicados (la venganza). Dios tiene que mostrar alguna vez ante la historia que está de parte de los perseguidos.
Llegará el momento de la reivindicación, pero no inmediatamente (11). El testimonio de los cristianos ha de continuar, pues su entrega va construyendo la humanidad nueva, objetivo del designio divino; esta labor es más importante que la reivindicación histórica de los mártires cristianos. La vestidura blanca (cf. 3,5.18; 4,4, de los ancianos; 7,9.13; 19,14) significa que comparten la gloria y la condición del resucitado.
10 clamaban a grandes voces:
- Tú, el soberano, el santo y leal,
¿para cuándo dejas el juicio de los habitantes
de la tierra y la venganza de nuestra sangre?
11 Dieron a cada uno una vestidura blanca y les dijeron que tuvieran calma todavía por un poco, hasta que se completase el número de sus compañeros de servicio y hermanos suyos que iban a sufrir la muerte como ellos.
EXPLICACIÓN.
9-11. Quinto sello (9-10): la calamidad aquí descrita afecta a los cristianos: la persecución y la muerte por proclamar la palabra de Dios y por el testimonio que mantenían; no se verifica en un tiempo posterior al de las cuatro precedentes, presenta la situación de las comunidades en el mismo mundo que sufre las plagas anteriores y es un índice de la injustica de ese mundo (9). Con vida, en gr., tas prykhas, indicando la existencia, la vida, como contraste con la muerte que habían sufrido (cf. Mt 10,28).
Con la frase estaban al pie del altar (nueva imagen tomada del templo de Jerusalén) Juan explica el sentido de esa muerte: tiene el valor de un sacrificio, es decir, la proclamación y práctica del mensaje de Dios, que ha culminado con la pérdida de la vida a manos de los enemigos del hombre (asesinados) ha contribuido a la salvación/liberación de la humanidad.
El clamor (10) de los maŕtires pide con urgencia su propia reivindicación (cf. Dt 32,43). Refleja, sin duda, una pregunta que se hacen las comunidades cristianas. Esa muerte injusta no puede dejar a Dios indiferente; ha de llegar un momento en que los asesinos tengan que reconocer su error (el juicio) y los que han muerto como criminales sean reivindicados (la venganza). Dios tiene que mostrar alguna vez ante la historia que está de parte de los perseguidos.
Llegará el momento de la reivindicación, pero no inmediatamente (11). El testimonio de los cristianos ha de continuar, pues su entrega va construyendo la humanidad nueva, objetivo del designio divino; esta labor es más importante que la reivindicación histórica de los mártires cristianos. La vestidura blanca (cf. 3,5.18; 4,4, de los ancianos; 7,9.13; 19,14) significa que comparten la gloria y la condición del resucitado.
viernes, 17 de septiembre de 2010
SEGUNDA SECCIÓN: SE ABRE EL ROLLO. Los cuatro primeros sellos: Los jinetes. Ap 6,1-8
6 1 En la visión, cuando el Cordero soltó el primero de los siete sellos, oí al primero de los vivientes que decía con voz de trueno: "Ven".
2 En la visión apareció un caballo blanco; el jinete llevaba un arco, le entregaron una corona y se marchó victorioso para vencer otra vez.
3 Cuando soltó el segundo sello, oí al segundo viviente que decía: "Ven".
4 Salió otro caballo, alazán, y al jinete le dieron poder para quitar la paz a la tierra y hacer que los hombres se degüellen unos a otros; le dieron también una espada grande.
5 Cuando soltó el tercer sello, oí al tercer viviente que decía: "Ven". En la visión apareció un caballo negro; si jinete llevaba en la mano una balanza.
6 Me pareció oír una voz que salía de entre los cuatro vivientes y que decía: "Un cuartillo de trigo, un denario de plata; tres cuartillos de cebada, un denario de plata; al aceite y al vino, no los dañes".
7 Cuando soltó el cuarto sello, oí la voz del cuarto viviente que decía: "Ven".
8 En la visión apareció un caballo amarillento; el jinete se llamaba "Muerte" y el Abismo lo seguía. Les dieron potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, hambre, epidemias y con las fieras salvajes.
EXPLICACIÓN.
1-8 Para Juan, como para la tradición judía, el cielo no es un lugar remoto separado de la tierra; por el contrario, es en el cielo donde se prepara el futuro del mundo; la visión en el cielo revela al profeta el plan que se está realizando en la historia humana (cf. Mt 6,19; "realícese en la tierra tu designio del cielo").
El profeta presencia acciones simbólicas (soltar los sellos, tocar las trompetas, derramar los cuencos) que son los anuncios celestes de sucesos que han de ocurrir en la tierra. Los símbolos forman series de siete, y el séptimo de cada grupo sirve de introducción a la serie siguiente. Las visiones avanzan según su propia lógica, pero sin perder nunca el contacto con el curso de los acontecimientos históricos.
La ruptura de los sellos da la señal para el primer ciclo de calamidades. Los sucesos provocados por la ruptura de los cuatro primeros están inspirados en Ez 14,21 y >Zac 1,8-11; 6,1-8; son los castigos tradicionales para un pueblo rebelde. En los cuatro se sigue el mismo esquema: ruptura del sello, orden (auditiva), cumplimiento (visivo). El caballo simboliza una fuerza irresistible dentro de la historia humana (2 Re 2,6-11, Elías; 2 Mac 3,25; 5,2-3).
Primer sello (1-2): el caballo blanco cuyo jinete lleva un arco puede representar la caballería de los partos, amenaza constante en la frontera oriental del Imperio romano, que ganó una importante batalla contra Roma en 62 d.C. El caballo blanco y la corona simbolizan la victoria de esos ejércitos (Ez 5,16s; 14,21s). Juan prevé la invasión de bárbaros en territorios del Imperio.
Segundo sello (3-4): Caballo alazán/rojo (sangre): violencia fratricida; una espada grande: el Estado mismo practica la violencia.
Tercer sello (5-6): Caballo negro (tiniebla, Ez 45,10), balanza en su mano, puede disponer de ella. Un cuartillo de trigo era la ración por persona y día; un denario de plata era el jornal de un obrero o campesiono. Carestía para la cebada, el alimento de los pobres, no para los artículos de lujo (aceite y vino, cf. 18,13; Sal 21,17): injusticia social, al mismo nivel que la violencia física y la muerte.
Cuarto sello (7-8): Caballo verde amarillento/bayo. La muerte es propiamente la epidemia, pero engloba las plagas anteriores; el abismo, el lugar de los muertos. Los males afectarán sólo a una parte de la humanidad; las fieras, castigo proverbial, cf. Jr 14,12; 15,3; Ez 5,12.17; 14,21; 33,27.
Las calamidades provocadas por los cuatro primeros sellos no habían sido raras en la historia y eran efectos de la rivalidad y la injusticia. La lógica del mal se considera como un juicio de Dios.
2 En la visión apareció un caballo blanco; el jinete llevaba un arco, le entregaron una corona y se marchó victorioso para vencer otra vez.
3 Cuando soltó el segundo sello, oí al segundo viviente que decía: "Ven".
4 Salió otro caballo, alazán, y al jinete le dieron poder para quitar la paz a la tierra y hacer que los hombres se degüellen unos a otros; le dieron también una espada grande.
5 Cuando soltó el tercer sello, oí al tercer viviente que decía: "Ven". En la visión apareció un caballo negro; si jinete llevaba en la mano una balanza.
6 Me pareció oír una voz que salía de entre los cuatro vivientes y que decía: "Un cuartillo de trigo, un denario de plata; tres cuartillos de cebada, un denario de plata; al aceite y al vino, no los dañes".
7 Cuando soltó el cuarto sello, oí la voz del cuarto viviente que decía: "Ven".
8 En la visión apareció un caballo amarillento; el jinete se llamaba "Muerte" y el Abismo lo seguía. Les dieron potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, hambre, epidemias y con las fieras salvajes.
EXPLICACIÓN.
1-8 Para Juan, como para la tradición judía, el cielo no es un lugar remoto separado de la tierra; por el contrario, es en el cielo donde se prepara el futuro del mundo; la visión en el cielo revela al profeta el plan que se está realizando en la historia humana (cf. Mt 6,19; "realícese en la tierra tu designio del cielo").
El profeta presencia acciones simbólicas (soltar los sellos, tocar las trompetas, derramar los cuencos) que son los anuncios celestes de sucesos que han de ocurrir en la tierra. Los símbolos forman series de siete, y el séptimo de cada grupo sirve de introducción a la serie siguiente. Las visiones avanzan según su propia lógica, pero sin perder nunca el contacto con el curso de los acontecimientos históricos.
La ruptura de los sellos da la señal para el primer ciclo de calamidades. Los sucesos provocados por la ruptura de los cuatro primeros están inspirados en Ez 14,21 y >Zac 1,8-11; 6,1-8; son los castigos tradicionales para un pueblo rebelde. En los cuatro se sigue el mismo esquema: ruptura del sello, orden (auditiva), cumplimiento (visivo). El caballo simboliza una fuerza irresistible dentro de la historia humana (2 Re 2,6-11, Elías; 2 Mac 3,25; 5,2-3).
Primer sello (1-2): el caballo blanco cuyo jinete lleva un arco puede representar la caballería de los partos, amenaza constante en la frontera oriental del Imperio romano, que ganó una importante batalla contra Roma en 62 d.C. El caballo blanco y la corona simbolizan la victoria de esos ejércitos (Ez 5,16s; 14,21s). Juan prevé la invasión de bárbaros en territorios del Imperio.
Segundo sello (3-4): Caballo alazán/rojo (sangre): violencia fratricida; una espada grande: el Estado mismo practica la violencia.
Tercer sello (5-6): Caballo negro (tiniebla, Ez 45,10), balanza en su mano, puede disponer de ella. Un cuartillo de trigo era la ración por persona y día; un denario de plata era el jornal de un obrero o campesiono. Carestía para la cebada, el alimento de los pobres, no para los artículos de lujo (aceite y vino, cf. 18,13; Sal 21,17): injusticia social, al mismo nivel que la violencia física y la muerte.
Cuarto sello (7-8): Caballo verde amarillento/bayo. La muerte es propiamente la epidemia, pero engloba las plagas anteriores; el abismo, el lugar de los muertos. Los males afectarán sólo a una parte de la humanidad; las fieras, castigo proverbial, cf. Jr 14,12; 15,3; Ez 5,12.17; 14,21; 33,27.
Las calamidades provocadas por los cuatro primeros sellos no habían sido raras en la historia y eran efectos de la rivalidad y la injusticia. La lógica del mal se considera como un juicio de Dios.
II. LO QUE VA A SUCEDER DESPÚES. PRIMERA SECCIÓN: VISIÓN INAUGURAL.Apocalipsis 4,1-5,14.
4, 1 En la visión apareció después una puerta abierta en el cielo; la voz con timbre de trompeta que me habló al principio decía: "Sube aquí y te mostraré lo que va a suceder después".
2 Al momento me arrebató el Espíritu.
Había un trono en el cielo y alguien sentado en el trono.
3 El que estaba sentado en el trono parecía de jaspe y granate, y el trono irradiaba todo alrededor un halo que parecía de esmeralda.
4 En círculo, alrededor del trono, había otros veinticuatros tronos, y sentados en ellos veinticuatro ancianos con vestiduras blancas y coronas de oro en la cabeza.
5 Del trono salen relámpagos, estampidos y truenos; ante el trono arden siete lámparas, los siete espíritus de Dios,
6 y delante se extiende una especie de mar, transparente como cristal.
En el centro, alrededor del trono, había cuatro vivientes tachonados de destellos por delante y por detrás;
7 el primero se parecía a un león, el segundo a un novillo, el tercero tenía cara de hambre y el cuarto parecía un águila en vuelo.
8 Los cuatro vivientes, cada uno con seis alas (Ez 1,5-21; 10,14; Is 6,2-3), estaban tachonados de destellos por un lado y por otro. Día y noche cantan sin pausa:
-¡Santo, santo, santo es el Señor,
soberano de todo,
el que era y que es y que viene!
9 Y cada vez que los cuatro vivientes gritan:
-¡Gloria y honor y gracias
al que está sentado en el trono,
que vive por los siglos de los siglos!,
10 los veinticuatro ancianos se postran ante el que está sentado en el trono, para rendir homenaje al que vive por los siglos de los siglos, y arrojan sus coronas ante el trono diciendo:
- 11 Tú mereces, Señor y Dios nuestro,
recibir la gloria, el honor y la fuerza
por haber creado el universo:
por designio tuyo fue creado y existe.
5 1 En la diestra del que está sentado en el trono vi un rollo escrito por las dos caras y sellado con siete sellos.
2 Vi también un ángel vigoroso que pregonaba con voz potente: "¿Quién es capaz de soltar los sellos y abrir el rollo?"
3 Pero nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni bajo la tierra, podía abrir el rollo y ni siquiera examinarlo.
4 Lloraba yo mucho porque no había nadie que fuera capaz de abrir el rollo ni de examinarlo siquiera.
5 Entonces, uno de los ancianos me dijo: "No llores, ha vencido el león de la tribu de Judá, el retoño de David; él abrirá el rollo y sus siete sellos.
6 Entonces, entre el trono con los cuatro vivientes y el círculo de los ancianos vi un Cordero: estaba de pie, aunque parecía degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados a la tierra entera.
7 Se acercó el Cordero y recibió el rollo de la diestra del que está sentado en el trono.
8 Cuando él recibió el rollo, los cuatro vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero; tenía cada uno una cítara y cuencos de oro, que son las oraciones de los consagrados, llenos de aromas;
9 cantaban un cántico nuevo:
- Tú mereces recibir el rollo y soltar sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre adquiriste para Dios
hombres de toda raza y lengua,
pueblo y nación;
10 hiciste de ellos linaje real
y sacerdotes para nuestro Dios,
y serán reyes en la tierra.
11 En la visión oí la voz de multitud de ángeles que rodeaban el trono, a los vivientes y a los ancianos; eran miles de miles, millares de millares,
12 y aclamaban:
-¡El Cordero que fue degollado
merece todo poderío y riqueza,
saber y fuerza,
honor, gloria y alabanza!
13 Oí entonces que todas las criaturas del cielo, de la tierra, de bajo la tierra y del mar, todo lo que hay en ellos, respondían:
-¡Al que está sentado en el trono y al Cordero,
la alabanza, el honor,
la gloria y el poder
por los siglos de los siglos!
14 Los cuatro vivientes decían: "Amén", y los ancianos se postraron rindiendo homenaje.
EXPLICACIÓN.
4,1-5,14 En la visión anterior se había aparecido a Juan un solo personaje, "una figura humana" (1,13), Jesús. En esta segunda visión, va a entrar en lo interior del santuario, donde está Dios (1: una puerta abierta en el cielo). Es la voz de Jesús la que lo invita a entrar (cf. 1,10). Se produce un cambio de escena; la figura central, aunque no se le dé nombre ni se la describa en detalle, es Dios mismo (3). Para explicar su visión Juan utiliza elementos del antiguo templo de Jerusalén. En éste, el santuario interior había albergado en otro tiempo el arca de la alianza, que contenía las tablas de la Ley (Éx 25,10-22) y era el trono de Dios (Is 6,1; Ez 43,7); sobre ella estaban las dos estatuas de los querubines (Ëx 25,18-20; 1 Re 6,23-28).
Juan utiliza estos y otros elementos del antiguo templo para disponer su escenario. La habitación interior del santuario pasa a ser la sala celeste del trono, donde Dios está con su corte y desde donde ejerce su reinado. Las veinticuatro familias de sacerdotes que oficiaban en el templo (1 Cr 24,3-19) quedan sustituidas por veinticuatro ancianos (4); el candelabro de siete brazos, por siete lámparas, los siete espíritus de Dios (3). El gran receptáculo de agua, llamado "el mar de bronce", que se encontraba en el patio interior del templo de Salomón (1 Re 2,23-26), reaparece transformado en una especie de mar, transparente como cristal (6). Inspirándose en la visión de Ezequiel 1, los querubines del arca se convierten en cuatro seres vivos (6), cada uno con características propias (cf. Ez 1,5-21; 10,14) (7). Como los serafines de la visión de Isaías (Is 6,25), cantan alabanzas a Dios (8).
A Dios no se le nombra; Juan describe solamente su aspecto, comparado al de piedras preciosas (jaspe y granate) y la aureola de luz que lo circunda (un halo). Pero Dios no está aislado en su esplendor. Los veinticuatro ancianos (4) representan al pueblo de Dios, nuevo Israel (número doce), ampliado a la humanidad entera (veinticuatro) (cf. 5,9) y visto en su situación definitiva; el grupo simbólico de los veinticuatro ancianos integra a los cristianos que salgan vencedores de la prueba. Los atributos de los ancianos: tronos, vestiduras blancas, coronas, son los mismos que han sido prometidos a los cristianos. Tronos, este pueblo participa de la dignidad y soberanía de Dios (cf. 3,21; 1,6; "linaje real"); como pueblo sacerdotal (ibid.; "sacerdotes"), celebra una liturgia celeste (cf. 5,10) que rinde homenaje a Dios creador (11) y, a continuación, al Cordero salvador (5,9-14); vestiduras blancas, la gloria divina (cf. 3,4s); coronas de oro, la libertad y la realeza (cf. 3,11).
La tempestad que procede del trono simboliza la potencia de las intervenciones divinas en la historia (5). El mar de cristal transparente corresponde al firmamento que separa el mundo celeste del terrestre(6).
Los cuatro vivientes, vueltos hacia los cuatro puntos cardinales, expresan la múltiple acción de Dios, mediante su Espíritu, sobre la humanidad entera (cf. 6,1-7) y la reacción de la humanidad, con el Espíritu, a la iniciativa divina (5,13s). Destellos, en gr. ophthalmón, término que como en Ez 1,18, probablemente no designa "ojos", sino puntos de luz; id. en v.8. Los cuatro vivientes empiezan la alabanza (cf. Is 6,2), a la que van asociándose todas las criaturas (8-9). El gran motivo de alabanza es la creación realizada por Dios, el don de la existencia, expresión de su amor. La aclamación Tú mereces... la gloria, el honor y la fuerza parece incluir una oposición a los títulos imperiales: el único digno de ellos es el creador de la vida (11).
Un rollo (5,1), un documento oficial; en la cara exterior se escribía un resumen del contenido, para poder identificarlo sin necesidad de abrirlo. Este documento procede de Dios mismo (en su mano); contiene su designio salvador (cf. Ez 2,10). El designio está cerrado por siete sellos, significando el absoluto secreto en que se ha mantenido (cf. Rom 16,25; Ef 1,9; 3,5.9; Col 1,26), es decir, la inesperada novedad que Dios quería notificar a la humanidad. Va a ser la apertura de los sellos, no la lectura del contenido, la que desencadene una serie de catástrofes en la tierra. El contenido es el amor de Dios expresado en su proyecto para la humanidad, y es la actuación de ese proyecto la que provoca las conmociones.
Ante un tribunal, solamente una persona de calidad podía hacer saltar los sellos y abrir el documento. Un heraldo (un ángel vigoroso) invita a los presentes a abrir el rollo; impotencia universal (2-3). Desconsuelo de Juan; el ansia de la humanidad no puede realizarse (4). Anuncio esperanzador (5). Es Jesús el único digno de abrirlo. Se le describe como el león de la tribu de Judá, el retoñó de David (cf. Gn 49,9; Is 11,1.10), apelativos que se consideraban descripciones proféticas del Mesías y que exaltaban su fuerza guerrera.
Sin embargo, lo que ve Juan no es un león, sino un cordero, la víctima por excelencia, que lleva además las marcas de su muerte (6). El único capaz de proclamar y ejecutar el designio de amor de Dios es Jesús, cuyo amor ha llegado hasta dar la vida por los hombres. Contraste: el león, símbolo de la fuerza, no ha vencido por la violencia; el Cordero sugiere debilidad, la impotencia de Jesús conducido a la muerte (cf. Is 53,7); resucitado, victorioso (de pie), conserva las señales de su pasión, testigos de la inmutabilidad de su amor. Es el cordero pascual (cf. Éx 12,3-6), cuya sangre ha librado a la humanidad de la muerte.
El Cordero lleva los atributos convencionales de fuerza y conocimiento; los cuernos simbolizan la fuerza (cf. Dt 33,7; Zac 1,18; Dn 7,7-24); el número siete indica su totalidad. Siete ojos (cf. Zac 4,10b: "esas siete lámparas representan los ojos del Señor, que se pasean por toda la tierra"); la identificación de los ojos con los siete espíritus (cf. 1,14) indica la plenitud del Espíritu que se encuentran en Jesús. La unión de ambos atributos muestra que la fuerza del Cordero no se ejerce en el dominio, sino en la comunicación universal de la vida.
Dios entrega el rollo al Cordero, el único capaz de llevar a cabo el designio salvador (7). Homenaje al Cordero, iniciado por los cuatro vivientes y los ancianos (la nueva humanidad). Éstos, como salmistas, tienen cada uno una cítara, y, como sacerdotes, un cuenco cada uno lleno de aromas. Aparece un nuevo elemento, las oraciones de los consagrados, los hombres ungidos con el Espíritu (cf. Rom 1,7); las oraciones están simbolizadas por los cuencos (recipiente que espera ser llenado), los aromas los llenan: las oraciones son agradables a Dios (cf. 8,3; Sal 141,2) (8). pero el homenaje de los vivientes y de los ancianos se centra en el cántico nuevo (cf. Sal 96,1; 98,1; 149,1, etc), que exalta la nueva y extraordinaria obra realizada por Dios en favor de los hombres; la alabanza tradicional no es ya suficiente.
El coro aclama la elección hecha por Dios al confiar el rollo al Cordero (9); el motivo ya no es la creación, sino la dignidad que Jesús ha conferido a los hombres mediante la entrega de su vida. El texto del cántico expresa el contenido del designio divino, ya parcialmente realizado.
Adquirir para Dios (= v.8: "los consagrados"), comunicando el Espíritu/vida, que asimila a Dios haciendo participar de su ser; de toda raza, etc, universalidad, superando las diferencias religiosas y culturales; hiciste de ellos (10; cf. 1,6), explicación del "adquirir para Dios": participación de la realeza divina (linaje real, tronos), acceso a Dios (sacerdotes, cuencos), futuro de señorío y libertad en la tierra (serán reyes, coronas).
Sigue un segundo coro (11), el de los ángeles, los ejecutores de las órdenes divinas; su innumerable multitud subraya la majestad del que está sentado en el trono. Su cántico (12) aclama al Cordero con los mismos títulos de gloria que se aplican a Dios.
Se une finalmente el coro de la creación entera (13), que rinde los mismos honores a Dios y al Cordero. Respuesta (14): el Amén (palabra) de los cuatro vivientes y el homenaje (gesto) de los ancianos; unanimidad en atribuir a Jesús la condición divina.
Una vez expuesta la existencia de un designio divino sobre la humanidad e identificado su ejecutor, Jesús, va a comenzar la exposición de sus etapas.
2 Al momento me arrebató el Espíritu.
Había un trono en el cielo y alguien sentado en el trono.
3 El que estaba sentado en el trono parecía de jaspe y granate, y el trono irradiaba todo alrededor un halo que parecía de esmeralda.
4 En círculo, alrededor del trono, había otros veinticuatros tronos, y sentados en ellos veinticuatro ancianos con vestiduras blancas y coronas de oro en la cabeza.
5 Del trono salen relámpagos, estampidos y truenos; ante el trono arden siete lámparas, los siete espíritus de Dios,
6 y delante se extiende una especie de mar, transparente como cristal.
En el centro, alrededor del trono, había cuatro vivientes tachonados de destellos por delante y por detrás;
7 el primero se parecía a un león, el segundo a un novillo, el tercero tenía cara de hambre y el cuarto parecía un águila en vuelo.
8 Los cuatro vivientes, cada uno con seis alas (Ez 1,5-21; 10,14; Is 6,2-3), estaban tachonados de destellos por un lado y por otro. Día y noche cantan sin pausa:
-¡Santo, santo, santo es el Señor,
soberano de todo,
el que era y que es y que viene!
9 Y cada vez que los cuatro vivientes gritan:
-¡Gloria y honor y gracias
al que está sentado en el trono,
que vive por los siglos de los siglos!,
10 los veinticuatro ancianos se postran ante el que está sentado en el trono, para rendir homenaje al que vive por los siglos de los siglos, y arrojan sus coronas ante el trono diciendo:
- 11 Tú mereces, Señor y Dios nuestro,
recibir la gloria, el honor y la fuerza
por haber creado el universo:
por designio tuyo fue creado y existe.
5 1 En la diestra del que está sentado en el trono vi un rollo escrito por las dos caras y sellado con siete sellos.
2 Vi también un ángel vigoroso que pregonaba con voz potente: "¿Quién es capaz de soltar los sellos y abrir el rollo?"
3 Pero nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni bajo la tierra, podía abrir el rollo y ni siquiera examinarlo.
4 Lloraba yo mucho porque no había nadie que fuera capaz de abrir el rollo ni de examinarlo siquiera.
5 Entonces, uno de los ancianos me dijo: "No llores, ha vencido el león de la tribu de Judá, el retoño de David; él abrirá el rollo y sus siete sellos.
6 Entonces, entre el trono con los cuatro vivientes y el círculo de los ancianos vi un Cordero: estaba de pie, aunque parecía degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados a la tierra entera.
7 Se acercó el Cordero y recibió el rollo de la diestra del que está sentado en el trono.
8 Cuando él recibió el rollo, los cuatro vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero; tenía cada uno una cítara y cuencos de oro, que son las oraciones de los consagrados, llenos de aromas;
9 cantaban un cántico nuevo:
- Tú mereces recibir el rollo y soltar sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre adquiriste para Dios
hombres de toda raza y lengua,
pueblo y nación;
10 hiciste de ellos linaje real
y sacerdotes para nuestro Dios,
y serán reyes en la tierra.
11 En la visión oí la voz de multitud de ángeles que rodeaban el trono, a los vivientes y a los ancianos; eran miles de miles, millares de millares,
12 y aclamaban:
-¡El Cordero que fue degollado
merece todo poderío y riqueza,
saber y fuerza,
honor, gloria y alabanza!
13 Oí entonces que todas las criaturas del cielo, de la tierra, de bajo la tierra y del mar, todo lo que hay en ellos, respondían:
-¡Al que está sentado en el trono y al Cordero,
la alabanza, el honor,
la gloria y el poder
por los siglos de los siglos!
14 Los cuatro vivientes decían: "Amén", y los ancianos se postraron rindiendo homenaje.
EXPLICACIÓN.
4,1-5,14 En la visión anterior se había aparecido a Juan un solo personaje, "una figura humana" (1,13), Jesús. En esta segunda visión, va a entrar en lo interior del santuario, donde está Dios (1: una puerta abierta en el cielo). Es la voz de Jesús la que lo invita a entrar (cf. 1,10). Se produce un cambio de escena; la figura central, aunque no se le dé nombre ni se la describa en detalle, es Dios mismo (3). Para explicar su visión Juan utiliza elementos del antiguo templo de Jerusalén. En éste, el santuario interior había albergado en otro tiempo el arca de la alianza, que contenía las tablas de la Ley (Éx 25,10-22) y era el trono de Dios (Is 6,1; Ez 43,7); sobre ella estaban las dos estatuas de los querubines (Ëx 25,18-20; 1 Re 6,23-28).
Juan utiliza estos y otros elementos del antiguo templo para disponer su escenario. La habitación interior del santuario pasa a ser la sala celeste del trono, donde Dios está con su corte y desde donde ejerce su reinado. Las veinticuatro familias de sacerdotes que oficiaban en el templo (1 Cr 24,3-19) quedan sustituidas por veinticuatro ancianos (4); el candelabro de siete brazos, por siete lámparas, los siete espíritus de Dios (3). El gran receptáculo de agua, llamado "el mar de bronce", que se encontraba en el patio interior del templo de Salomón (1 Re 2,23-26), reaparece transformado en una especie de mar, transparente como cristal (6). Inspirándose en la visión de Ezequiel 1, los querubines del arca se convierten en cuatro seres vivos (6), cada uno con características propias (cf. Ez 1,5-21; 10,14) (7). Como los serafines de la visión de Isaías (Is 6,25), cantan alabanzas a Dios (8).
A Dios no se le nombra; Juan describe solamente su aspecto, comparado al de piedras preciosas (jaspe y granate) y la aureola de luz que lo circunda (un halo). Pero Dios no está aislado en su esplendor. Los veinticuatro ancianos (4) representan al pueblo de Dios, nuevo Israel (número doce), ampliado a la humanidad entera (veinticuatro) (cf. 5,9) y visto en su situación definitiva; el grupo simbólico de los veinticuatro ancianos integra a los cristianos que salgan vencedores de la prueba. Los atributos de los ancianos: tronos, vestiduras blancas, coronas, son los mismos que han sido prometidos a los cristianos. Tronos, este pueblo participa de la dignidad y soberanía de Dios (cf. 3,21; 1,6; "linaje real"); como pueblo sacerdotal (ibid.; "sacerdotes"), celebra una liturgia celeste (cf. 5,10) que rinde homenaje a Dios creador (11) y, a continuación, al Cordero salvador (5,9-14); vestiduras blancas, la gloria divina (cf. 3,4s); coronas de oro, la libertad y la realeza (cf. 3,11).
La tempestad que procede del trono simboliza la potencia de las intervenciones divinas en la historia (5). El mar de cristal transparente corresponde al firmamento que separa el mundo celeste del terrestre(6).
Los cuatro vivientes, vueltos hacia los cuatro puntos cardinales, expresan la múltiple acción de Dios, mediante su Espíritu, sobre la humanidad entera (cf. 6,1-7) y la reacción de la humanidad, con el Espíritu, a la iniciativa divina (5,13s). Destellos, en gr. ophthalmón, término que como en Ez 1,18, probablemente no designa "ojos", sino puntos de luz; id. en v.8. Los cuatro vivientes empiezan la alabanza (cf. Is 6,2), a la que van asociándose todas las criaturas (8-9). El gran motivo de alabanza es la creación realizada por Dios, el don de la existencia, expresión de su amor. La aclamación Tú mereces... la gloria, el honor y la fuerza parece incluir una oposición a los títulos imperiales: el único digno de ellos es el creador de la vida (11).
Un rollo (5,1), un documento oficial; en la cara exterior se escribía un resumen del contenido, para poder identificarlo sin necesidad de abrirlo. Este documento procede de Dios mismo (en su mano); contiene su designio salvador (cf. Ez 2,10). El designio está cerrado por siete sellos, significando el absoluto secreto en que se ha mantenido (cf. Rom 16,25; Ef 1,9; 3,5.9; Col 1,26), es decir, la inesperada novedad que Dios quería notificar a la humanidad. Va a ser la apertura de los sellos, no la lectura del contenido, la que desencadene una serie de catástrofes en la tierra. El contenido es el amor de Dios expresado en su proyecto para la humanidad, y es la actuación de ese proyecto la que provoca las conmociones.
Ante un tribunal, solamente una persona de calidad podía hacer saltar los sellos y abrir el documento. Un heraldo (un ángel vigoroso) invita a los presentes a abrir el rollo; impotencia universal (2-3). Desconsuelo de Juan; el ansia de la humanidad no puede realizarse (4). Anuncio esperanzador (5). Es Jesús el único digno de abrirlo. Se le describe como el león de la tribu de Judá, el retoñó de David (cf. Gn 49,9; Is 11,1.10), apelativos que se consideraban descripciones proféticas del Mesías y que exaltaban su fuerza guerrera.
Sin embargo, lo que ve Juan no es un león, sino un cordero, la víctima por excelencia, que lleva además las marcas de su muerte (6). El único capaz de proclamar y ejecutar el designio de amor de Dios es Jesús, cuyo amor ha llegado hasta dar la vida por los hombres. Contraste: el león, símbolo de la fuerza, no ha vencido por la violencia; el Cordero sugiere debilidad, la impotencia de Jesús conducido a la muerte (cf. Is 53,7); resucitado, victorioso (de pie), conserva las señales de su pasión, testigos de la inmutabilidad de su amor. Es el cordero pascual (cf. Éx 12,3-6), cuya sangre ha librado a la humanidad de la muerte.
El Cordero lleva los atributos convencionales de fuerza y conocimiento; los cuernos simbolizan la fuerza (cf. Dt 33,7; Zac 1,18; Dn 7,7-24); el número siete indica su totalidad. Siete ojos (cf. Zac 4,10b: "esas siete lámparas representan los ojos del Señor, que se pasean por toda la tierra"); la identificación de los ojos con los siete espíritus (cf. 1,14) indica la plenitud del Espíritu que se encuentran en Jesús. La unión de ambos atributos muestra que la fuerza del Cordero no se ejerce en el dominio, sino en la comunicación universal de la vida.
Dios entrega el rollo al Cordero, el único capaz de llevar a cabo el designio salvador (7). Homenaje al Cordero, iniciado por los cuatro vivientes y los ancianos (la nueva humanidad). Éstos, como salmistas, tienen cada uno una cítara, y, como sacerdotes, un cuenco cada uno lleno de aromas. Aparece un nuevo elemento, las oraciones de los consagrados, los hombres ungidos con el Espíritu (cf. Rom 1,7); las oraciones están simbolizadas por los cuencos (recipiente que espera ser llenado), los aromas los llenan: las oraciones son agradables a Dios (cf. 8,3; Sal 141,2) (8). pero el homenaje de los vivientes y de los ancianos se centra en el cántico nuevo (cf. Sal 96,1; 98,1; 149,1, etc), que exalta la nueva y extraordinaria obra realizada por Dios en favor de los hombres; la alabanza tradicional no es ya suficiente.
El coro aclama la elección hecha por Dios al confiar el rollo al Cordero (9); el motivo ya no es la creación, sino la dignidad que Jesús ha conferido a los hombres mediante la entrega de su vida. El texto del cántico expresa el contenido del designio divino, ya parcialmente realizado.
Adquirir para Dios (= v.8: "los consagrados"), comunicando el Espíritu/vida, que asimila a Dios haciendo participar de su ser; de toda raza, etc, universalidad, superando las diferencias religiosas y culturales; hiciste de ellos (10; cf. 1,6), explicación del "adquirir para Dios": participación de la realeza divina (linaje real, tronos), acceso a Dios (sacerdotes, cuencos), futuro de señorío y libertad en la tierra (serán reyes, coronas).
Sigue un segundo coro (11), el de los ángeles, los ejecutores de las órdenes divinas; su innumerable multitud subraya la majestad del que está sentado en el trono. Su cántico (12) aclama al Cordero con los mismos títulos de gloria que se aplican a Dios.
Se une finalmente el coro de la creación entera (13), que rinde los mismos honores a Dios y al Cordero. Respuesta (14): el Amén (palabra) de los cuatro vivientes y el homenaje (gesto) de los ancianos; unanimidad en atribuir a Jesús la condición divina.
Una vez expuesta la existencia de un designio divino sobre la humanidad e identificado su ejecutor, Jesús, va a comenzar la exposición de sus etapas.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
LAS SIETE CARTAS. Ap 2,1-3,22
2 1 Al ángel de la iglesia de Éfeso escribe así:
Esto dice el que tiene las siete estrellas en su diestra y anda entre los siete candelabros de oro:
2 Conozco tus obras, tu esfuerzo y tu entereza; sé que no puedes sufrir a los malvados, que pusiste a prueba a esos que se llaman apóstoles sin serlo y hallaste que son unos embusteros.
3 Tienes aguante, has sufrido por causa mía y no te has rendido a la fatiga,
4 pero tengo en contra tuya que has dejado el amor primero.
5 Recuerda de dónde has caído, enmiéndate y vuelve a proceder como al principio; si no, como no te enmiendes, vendré a quitar tu candelabro de su sitio.
6 Es verdad que tiene una cosa a tu favor: aborreces las prácticas de los nicolaítas, que yo también aborrezco.
7 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
Al que salga vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el jardín de Dios.
8 Al ángel de la iglesia de Esmirna escribe así:
Esto dice el que es primero y último, el que estuvo muerto y volvió a la vida:
9 Conozco tu apuro y tu pobreza, y, sin embargo, eres rico; sé también cómo te calumnian esos que se llaman judíos y no son más que sinagoga de Satanás.
10 No temas nada de lo que vas a sufrir; el diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para poneros a prueba, pero vuestro apuro durará diez días. Se fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida.
11 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
El que salga vencedor no será víctima de la muerte segunda.
12 Al ángel de la iglesia de Pérgamo escribe así:
Esto dice el que tiene la espada aguda de dos filos:
13 Sé dónde habitas, donde Satanás tiene su trono. A pesar de eso, te mantienes conmigo, y no renegaste de mi fe ni siquiera cuando a Antipas, mi testigo, mi fiel, lo mataron en vuestra ciudad, morada de Satanás.
14 Tengo, sin embargo, algo en contra tuya: tienes ahí algunos que profesan la doctrina de Balaán, el que enseño a Balac a tentar a los israelitas incitándolos a participar en banquetes idolátricos y a fornicar.
15 Además otra cosa: tambén tú tienes algunos que profesan la doctrina de los nicolaítas.
16 A ver si te enmiendas, que si no iré en seguida y los combatiré con la espada de mi boca.
17 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
Al que salga vencedor le daré maná escondido y le daré también un guijarro blanco; el guijarro lleva escrito un nombre nuevo que solo sabe el que lo recibe.
18 Al ángel de la iglesia de Tiatira escribe así:
Esto dice el Hijo de Dios, el de ojos llameantes y pies como bronce:
19 Conozco tus obras, tu amor fraterno, fe, dedicación y aguante, y últimamente tu actividad es mayor que al principio;
20 pero tengo en contra tuya que toleras a esa Jezabel, la mujer que dice poseer el don de profecía y que extravía a mis servidores con su enseñanza, incitándolos a la fornicación y a participar en banquetes idolátricos.
21 Le di tiempo para enmendarse pero no quiere enmendarse de su fornicación.
22 Mira, la voy a postrar en cama y a sus amantes los voy a poner en grave aprieto, si no se enmiendan de lo que hacían con ella.
23 A los hijos que tuvo les daré muerte; así sabran todas las iglesias que yo soy el que escruta corazones y mentes y que os voy a pagar a cada uno conforme a vuestras obras.
24 Ahora me dirijo a vosotros, los demás de Tiatira que no profesáis esa doctrina ni habéis experimentado lo que ellos llaman las profundidades de Satanás. No os impongo ninguna otra carga,
25 hasta que mantegáis lo que tenéis hasta que yo llegue.
26 Al que salga vencedor cumpliendo hasta el final mis tareas, le daré autoridad sobre las naciones -la misma que yo tengo de mi Padre-,
27 las regirá con cetro de hierro y las hará pedazos como a jarros de loza (Sal 2,8-9).
28 Le daré también el lucero de la mañana.
29 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
3 1 Al ángel de la iglesia de Sardis escribe así:
Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; nominalmente vivos, pero estás muerto.
2 Anda vigilante y consolida los restos que iban a morir, pues no he encontrado obras tuyas acabadas a los ojos de mi Dios.
3 Recuerda, por tanto, lo que oíste y aún mantienes, haz caso y enmiéndate que, si no estás en vela, llegaré como un ladrón sin que te des cuenta de la hora de mi llegada.
4 A pesar de todo, tienes ahí en Sardis unos cuantos que no han manchado su ropa; ésos caminarán conmigo vestidos de blanco, pues se lo merecen.
5 El que salga vencedor se vestirá de blanco y no borraré su nombre del registro de los vivos, pues ante mi Padre y sus ángeles reconoceré su nombre.
6 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
7 Al ángel de la iglesia de Filadelfia escribe así:
Esto dice el santo, el veraz, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cierra; cierra y nadie abre (Is 22,22).
8 Conozco tus obras, mira, ante ti dejo abierta una puerta que nadie puede cerrar, pues aunque tu fuerza es pequeña has hecho caso de mis palabras y no has renegado de mí.
9 Haré que algunos de la sinagoga de Satanás, de esos que dicen ser judíos (pero es mentira, no lo son), vayan a postrarse ante ti y se den cuenta de que te quiero.
10 Por haber seguido el ejemplo de mi constancia yo te preservaré en la hora de prueba que va a llegar para el mundo entero, y que pondrá a prueba a los habitantes de la tierra.
11 Llego en seguida, mantén lo que tienes, para que nadie te quite tu corona.
12 Al que salga vencedor lo haré columna del santuario de mi Dios y ya no saldrá nunca de él; grabaré en él el nombre de mi Dios, el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que baja del cielo de junto a mi Dios, y, mi nombre nuevo.
13 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
14 Al ángel de la iglesia de Laodicea escribe así:
Esto dice el amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios:
15 Conozco tus obras y no eres ni frio ni caliente. Ojará fueras frío o caliente,
16 pero como estás tibio y no eres ni frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca.
17 Tú dices: "Soy rico, tengo reservas y nada me falta". Aunque no lo sepas, eres desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo.
18 Te aconsejo que me compres oro acendrado a fuego, así serás rico; y un vestido blanco, para ponértelo y que no se vea tu vergonzosa desnudez, y colirio para untártelo en los ojos y ver.
19 A los que yo amo los reprendo y los corrijo; sé ferviente y enmiéndate.
20 Mira que estoy a la puerta llamando: si uno me oye y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos.
21 Al que salga vencedor lo sentaré conmigo en mi trono, lo mismo que yo, cuando vencí me senté con mi Padre en su trono.
22 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
EXPLICACIÓN.
2,1-3,22 Jesús Mesías, destinatario de la doxología inicial (1, 4b-6) y que se apareció a Juan (1,12-20), habla a cada una de las iglesias. Su palabra valora la situación de cada una, corrige, anima, exhorta, promete. Todas deben esforzarse por comprender el mensaje del Espíritu, que actualiza en ellas el mensaje de Jesús.
1-7 Destinatario, la comunidad que está en Éfeso, capital de la provincia de Asia. El ángel, la comunidad misma en su dimensión trascendente (1,20: "estrellas", luz celeste), contradistinta del "candelabro", la comunidad en su dimensión terrestre (1,20: "candelabros", luz terrestre, la comunidad en cuanto difusora de un mensaje).
Autorepresentación de Jesús (el que tiene las siete estrellas, cf. 1,16) (1b). Esto dice, fórmula de los oráculos proféticos; Jesús Mesías toma el puesto de Dios.
Juicio de la situación (2-3). Positivo: su firmeza, valentía y constancia frente a los que ceden al paganismo (v.6); negativo, traición íntima, falta de amor (4).
Exhortación particular (5-6): enmienda; de lo contrario, la comunidad de Éfeso dejaría de formar parte del círculo de las iglesias. Bajo un exterior irreprochable, falta lo esencial. Su actitud ante los heterodoxos es un indicio favorable. No hay datos sobre los nicolaítas.
Exhortación general (7a). El mensaje vale para todas las iglesias; el Espíritu les habla recordándoles la enseñanza de Jesús. Oídos, oír, aplicarse a la comprensión en vista de la actividad (7).
Promesa (7b): La recompensa por la victoria sobre el mundo (cf.1 Jn 5,4s) se describe con alguna imagen asociada a la vida futura; aquí con la de comer del árbol de la vida (Gn 2,9; Ap 22,2), gozar de una perenne plenitud de vida. El vencedor, el que colabora hasta el fin en la victoria de Jesús sobre las fuerzas históricas enemigas del hombre.
8-11. A Esmirna. Comunidad en lucha, perseguida por la colonia judía. Autopresentación de Jesús; el vencedor de la muerte, en relación con la promesa final de la carta (v.11).
Juicio positivo: a esta comunidad pobre, sólo elogios. En medio de la persecución, la pobreza de medios y la calumnia, la comunidad es rica por su adhesión a Jesús (9-10). Israel ha perdido su privilegio. Los judíos no tienen derecho a distinguirse con ese nombre; ahora no son más que una perversión del antiguo pueblo (sinagoga de Satanás). Prueba efímera (cf. Dn 1,12.14). La muerte por la adhesión a Jesús, umbral de la vida (10).
Promesa (11b): la muerte segunda (cf. 20,14): además de la muerte física, que para el cristiano no interrumpe la vida, hay una muerte definitiva y total; quien colabora en la obra liberadora de Jesús tendrá vida definitiva.
12-17. Pérgamo era la ciudad más suntuosa de Asia Menor. Había sido capital de los más ricos sucesores de Alejandro Magno y el centro de un considerable imperio. Había en ella un altar monumental a Zeus y un famoso santuario de Esculapio. En Pérgamo, con el templo erigido a Augusto, se inauguró el culto imperial en la provincia de Asia.
Autopresentación de Jesús (12b); la espada de dos filos es su palabra o mensaje (1,16; cf. Is 49,2), que, con su eficacia o fuerza de persuasión (aguda, dos filos), hiende aquel esplendor cultural y religioso, calificándolo de trono de Satanás (12-13). El gobernador tenía el ius gladii, es decir, el poder de vida y muerte sobre todos sus súbditos que no fuesen ciudadanos romanos. La palabra de Jesús está por encima del poder romano. Sé donde habitas (12): la comunidad está presente y actúa en la historia dentro de las estructuras sociales. Satanás, personificación del poder, fuerza enemiga que actúa en la historia a través de estructuras humanas; tiene algo de monstruoso (cf. 12,9: "el dragón") y aspira a ocupar el puesto de Dios (culto del emperador); aquí se encarna en la sociedad pagana organizada; trono, dominio.
Juicio de la situación (13-15). Positivo: elogio de la adhesión inquebrantable cuyo mayor exponente ha sido Antipas el mártir. Negativo: el peligro más grave viene de unos pocos miembros de la comunidad (14). La figura de Balaán (Nm 25,1-3) interpreta en clave del AT el sincretismo pagano-cristiano (Nikolaos = Balaán: "señor/vencedor del pueblo"); después del episodio de Balaán, se narra cómo los israelitas, seducidos por mujeres moabitas, realizaron actos de idolatría (cf. Nm 31,16).
Exhorta a tomar una decisión. Visita del Señor (Am 3,2; Os 4,9); su palabra es eficaz (16).
Promesa al vencedor, al que colabora en la victoria de Jesús y su mensaje (17b): maná escondido (Éx 16,1-36; Sal 78,24-28; Sab 13,20-29), la eucaristía, que encierra vida definitiva; el guijarro blanco sugiere la idea de victoria, de admisión a la vida; el nombre nuevo (Is 62,2), regalo de amor, refleja el proyecto personal que debe realizar; corresponde a la renovación interior del hombre e implica la intimidad entre el que lo recibe y Jesús.
18-29. En la época romana, Tiatira era un centro sin especial relieve, dedicado a la industria y al comercio (cf. Hch 16,14). A esta ciudad, la menos importante de las mencionadas, se envía la carta más larga, a a su comunidad se aplican los epítetos más solemnes.
Autopresentación de Jesús (18), cf. 1,14s. Juicio de la situación (19-23): Elogio (19). Como en Pérgamo, existe un peligro que procede del interior de la comunidad (20): Jezabel, nombre simbólico, la reina que introdujo cultos idolátricos en Israel (1 Re 16,31; 2 Re 9,22); aquí designa a una persona, probablemente una mujer, que promueve actitudes paganas. Jesús le ha dado tiempo para recapacitar, pero parece demasiado segura de sí misma (21). En el lenguaje profético, la fornicación es figura de la idolatría y puede designar la práctica del modo de vida materialista de aquella sociedad. Acción decidida de Jesús, pero sin amenaza de exclusión; quiere que sus cómplices o víctimas (sus amantes) abran los ojos. Esa escuela (hijos = discípulos) no tendrán futuro (23).
Aunque deben apartarse del culto pagano, no han de constituir un círculo cerrado en medio de la sociedad (24: no os impongo ninguna otra carga); Jesús no prescribe obligaciones, a diferencia de las religiones, que multiplicaban las prescripciones hasta el infinito; basta la fidelidad al evangelio (25). Las profundidades de Satanás puede ser una frase irónica para calificar el conocimiento esotérico de Dios que los sectarios pretender tener (cf. 1 Cor 2,10).
Promesa (26-28); las naciones, el paganismo en cuanto fuerza hostil al reinado de Dios. Estas fuerzas serán progresivamente destruidas (cita adaptada de Sal 2,8s). Se vence al mundo cuando no se pacta con él ni se disimula el mensaje. El lucero de la mañana es Jesús mismo (22,16).
3,1-6. Sardis, antigua capital del reino de Lidia, en la época romana, después del terremoto del año 17 d.C, que había destruido la mayor parte de sus edificios, tenía poca importancia.
Autopresentación de Jesús (1), cf 1,4.16.20. Juicio de la situación: la actividad de esta iglesia no es indicio de vida. Exhortación (2): detener el proceso de desintegración. Vigilancia (cf. Mt 24,42s; 1 Tes 5,2). Es una iglesia sin lucha, agonizante (2). Jesús no apaga la mecha que aún humea, pero la conversión urge; la adhesión al mensaje debe traducirse en la práctica (3). Resto fiel (4): "blanco", el color de la gloria divina.
Promesa (5): el registro de los vivos (lit. "el libro de la vida"), paralelo celeste del registro de una ciudad: pertenecía a la ciudad de Dios.
7-13. Filadelfia, fundada por Átalo Filadelfo, rey de Pérgamo, en el siglo II a.C., también había sufrido grandemente en el terremoto del año 17 d.C. Autopresentación de Jesús: la llave de David (cf. Is 22,22) indica una autoridad sin apelación (7b). Juicio de la situación (8-10): comunidad pequeña y sin pretensiones, formada probablemente por gente humilde, pero, debido a su fidelidad, Jesús le abre la posibilidad de una tarea misionera; la metáfora de la llave se continúa en la de la puerta. Ningún juicio negativo, sólo alabanzas y promesas. Sinagoga de Satanás, cf. 2,9; vayan a postrarse ante ti, cf. Is 60,14; 49,23; 45,13. Los cristianos, el verdadero Israel (9). Ayuda que corrobora la constancia (perseverar en la hora de la prueba o tentación, cf. Mt 6,13) (10). Exhortación particular (11): fidelidad hasta el fin.
Promesa (12): la nueva sociedad humana, concebida como santuario y como ciudad;los que se asocian a la obra de Jesús son el soporte de esa sociedad nueva (cf. 21,2: la nueva Jerusalén). Cuádruple repetición de la fórmula mi Dios, para subrayar la pertenencia absoluta y para siempre; mi nombre nuevo, el del Resucitado, la victoria sobre la muerte.
14-22. Para Laodicea, cerca de Colosas, cf. Col 4,16. Autopresentación (14b): el Amén, aplicado a Dios en el judaísmo, que equivale a los epítetos fiel y veraz, cf. 1,5; el principio de la creación de Dios, cf. Col 1,15; horizonte universal. Juicio de la situación: la comunidad de Laodicea no presenta faltas manifiestamente graves, pero aparece instalada en la mediocridad, quizá por adaptarse a la prosperidad de la ciudad misma; se siente satisfecha y segura (17). Exhortación particular (18): oro, vestido blanco, colirio; alusiones a la properidad de Laodicea, a su industria de lana y a su escuela de medicina. Amor paciente de Jesús, que pretende educar a la comunidad (cf. Prov 3,12; Heb 12,5-11) (19). El amor culmina en la petición de ser acogido; nadie lo espera en esta iglesia segura. No fuerza la entrada, habla invitando. Intimidad simbolizada por la cena (20).
Promesa (21): los que colaboran con Jesús participan de su realeza/condición divina (21).
Esto dice el que tiene las siete estrellas en su diestra y anda entre los siete candelabros de oro:
2 Conozco tus obras, tu esfuerzo y tu entereza; sé que no puedes sufrir a los malvados, que pusiste a prueba a esos que se llaman apóstoles sin serlo y hallaste que son unos embusteros.
3 Tienes aguante, has sufrido por causa mía y no te has rendido a la fatiga,
4 pero tengo en contra tuya que has dejado el amor primero.
5 Recuerda de dónde has caído, enmiéndate y vuelve a proceder como al principio; si no, como no te enmiendes, vendré a quitar tu candelabro de su sitio.
6 Es verdad que tiene una cosa a tu favor: aborreces las prácticas de los nicolaítas, que yo también aborrezco.
7 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
Al que salga vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el jardín de Dios.
8 Al ángel de la iglesia de Esmirna escribe así:
Esto dice el que es primero y último, el que estuvo muerto y volvió a la vida:
9 Conozco tu apuro y tu pobreza, y, sin embargo, eres rico; sé también cómo te calumnian esos que se llaman judíos y no son más que sinagoga de Satanás.
10 No temas nada de lo que vas a sufrir; el diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para poneros a prueba, pero vuestro apuro durará diez días. Se fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida.
11 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
El que salga vencedor no será víctima de la muerte segunda.
12 Al ángel de la iglesia de Pérgamo escribe así:
Esto dice el que tiene la espada aguda de dos filos:
13 Sé dónde habitas, donde Satanás tiene su trono. A pesar de eso, te mantienes conmigo, y no renegaste de mi fe ni siquiera cuando a Antipas, mi testigo, mi fiel, lo mataron en vuestra ciudad, morada de Satanás.
14 Tengo, sin embargo, algo en contra tuya: tienes ahí algunos que profesan la doctrina de Balaán, el que enseño a Balac a tentar a los israelitas incitándolos a participar en banquetes idolátricos y a fornicar.
15 Además otra cosa: tambén tú tienes algunos que profesan la doctrina de los nicolaítas.
16 A ver si te enmiendas, que si no iré en seguida y los combatiré con la espada de mi boca.
17 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
Al que salga vencedor le daré maná escondido y le daré también un guijarro blanco; el guijarro lleva escrito un nombre nuevo que solo sabe el que lo recibe.
18 Al ángel de la iglesia de Tiatira escribe así:
Esto dice el Hijo de Dios, el de ojos llameantes y pies como bronce:
19 Conozco tus obras, tu amor fraterno, fe, dedicación y aguante, y últimamente tu actividad es mayor que al principio;
20 pero tengo en contra tuya que toleras a esa Jezabel, la mujer que dice poseer el don de profecía y que extravía a mis servidores con su enseñanza, incitándolos a la fornicación y a participar en banquetes idolátricos.
21 Le di tiempo para enmendarse pero no quiere enmendarse de su fornicación.
22 Mira, la voy a postrar en cama y a sus amantes los voy a poner en grave aprieto, si no se enmiendan de lo que hacían con ella.
23 A los hijos que tuvo les daré muerte; así sabran todas las iglesias que yo soy el que escruta corazones y mentes y que os voy a pagar a cada uno conforme a vuestras obras.
24 Ahora me dirijo a vosotros, los demás de Tiatira que no profesáis esa doctrina ni habéis experimentado lo que ellos llaman las profundidades de Satanás. No os impongo ninguna otra carga,
25 hasta que mantegáis lo que tenéis hasta que yo llegue.
26 Al que salga vencedor cumpliendo hasta el final mis tareas, le daré autoridad sobre las naciones -la misma que yo tengo de mi Padre-,
27 las regirá con cetro de hierro y las hará pedazos como a jarros de loza (Sal 2,8-9).
28 Le daré también el lucero de la mañana.
29 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
3 1 Al ángel de la iglesia de Sardis escribe así:
Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; nominalmente vivos, pero estás muerto.
2 Anda vigilante y consolida los restos que iban a morir, pues no he encontrado obras tuyas acabadas a los ojos de mi Dios.
3 Recuerda, por tanto, lo que oíste y aún mantienes, haz caso y enmiéndate que, si no estás en vela, llegaré como un ladrón sin que te des cuenta de la hora de mi llegada.
4 A pesar de todo, tienes ahí en Sardis unos cuantos que no han manchado su ropa; ésos caminarán conmigo vestidos de blanco, pues se lo merecen.
5 El que salga vencedor se vestirá de blanco y no borraré su nombre del registro de los vivos, pues ante mi Padre y sus ángeles reconoceré su nombre.
6 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
7 Al ángel de la iglesia de Filadelfia escribe así:
Esto dice el santo, el veraz, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cierra; cierra y nadie abre (Is 22,22).
8 Conozco tus obras, mira, ante ti dejo abierta una puerta que nadie puede cerrar, pues aunque tu fuerza es pequeña has hecho caso de mis palabras y no has renegado de mí.
9 Haré que algunos de la sinagoga de Satanás, de esos que dicen ser judíos (pero es mentira, no lo son), vayan a postrarse ante ti y se den cuenta de que te quiero.
10 Por haber seguido el ejemplo de mi constancia yo te preservaré en la hora de prueba que va a llegar para el mundo entero, y que pondrá a prueba a los habitantes de la tierra.
11 Llego en seguida, mantén lo que tienes, para que nadie te quite tu corona.
12 Al que salga vencedor lo haré columna del santuario de mi Dios y ya no saldrá nunca de él; grabaré en él el nombre de mi Dios, el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que baja del cielo de junto a mi Dios, y, mi nombre nuevo.
13 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
14 Al ángel de la iglesia de Laodicea escribe así:
Esto dice el amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios:
15 Conozco tus obras y no eres ni frio ni caliente. Ojará fueras frío o caliente,
16 pero como estás tibio y no eres ni frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca.
17 Tú dices: "Soy rico, tengo reservas y nada me falta". Aunque no lo sepas, eres desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo.
18 Te aconsejo que me compres oro acendrado a fuego, así serás rico; y un vestido blanco, para ponértelo y que no se vea tu vergonzosa desnudez, y colirio para untártelo en los ojos y ver.
19 A los que yo amo los reprendo y los corrijo; sé ferviente y enmiéndate.
20 Mira que estoy a la puerta llamando: si uno me oye y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos.
21 Al que salga vencedor lo sentaré conmigo en mi trono, lo mismo que yo, cuando vencí me senté con mi Padre en su trono.
22 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
EXPLICACIÓN.
2,1-3,22 Jesús Mesías, destinatario de la doxología inicial (1, 4b-6) y que se apareció a Juan (1,12-20), habla a cada una de las iglesias. Su palabra valora la situación de cada una, corrige, anima, exhorta, promete. Todas deben esforzarse por comprender el mensaje del Espíritu, que actualiza en ellas el mensaje de Jesús.
1-7 Destinatario, la comunidad que está en Éfeso, capital de la provincia de Asia. El ángel, la comunidad misma en su dimensión trascendente (1,20: "estrellas", luz celeste), contradistinta del "candelabro", la comunidad en su dimensión terrestre (1,20: "candelabros", luz terrestre, la comunidad en cuanto difusora de un mensaje).
Autorepresentación de Jesús (el que tiene las siete estrellas, cf. 1,16) (1b). Esto dice, fórmula de los oráculos proféticos; Jesús Mesías toma el puesto de Dios.
Juicio de la situación (2-3). Positivo: su firmeza, valentía y constancia frente a los que ceden al paganismo (v.6); negativo, traición íntima, falta de amor (4).
Exhortación particular (5-6): enmienda; de lo contrario, la comunidad de Éfeso dejaría de formar parte del círculo de las iglesias. Bajo un exterior irreprochable, falta lo esencial. Su actitud ante los heterodoxos es un indicio favorable. No hay datos sobre los nicolaítas.
Exhortación general (7a). El mensaje vale para todas las iglesias; el Espíritu les habla recordándoles la enseñanza de Jesús. Oídos, oír, aplicarse a la comprensión en vista de la actividad (7).
Promesa (7b): La recompensa por la victoria sobre el mundo (cf.1 Jn 5,4s) se describe con alguna imagen asociada a la vida futura; aquí con la de comer del árbol de la vida (Gn 2,9; Ap 22,2), gozar de una perenne plenitud de vida. El vencedor, el que colabora hasta el fin en la victoria de Jesús sobre las fuerzas históricas enemigas del hombre.
8-11. A Esmirna. Comunidad en lucha, perseguida por la colonia judía. Autopresentación de Jesús; el vencedor de la muerte, en relación con la promesa final de la carta (v.11).
Juicio positivo: a esta comunidad pobre, sólo elogios. En medio de la persecución, la pobreza de medios y la calumnia, la comunidad es rica por su adhesión a Jesús (9-10). Israel ha perdido su privilegio. Los judíos no tienen derecho a distinguirse con ese nombre; ahora no son más que una perversión del antiguo pueblo (sinagoga de Satanás). Prueba efímera (cf. Dn 1,12.14). La muerte por la adhesión a Jesús, umbral de la vida (10).
Promesa (11b): la muerte segunda (cf. 20,14): además de la muerte física, que para el cristiano no interrumpe la vida, hay una muerte definitiva y total; quien colabora en la obra liberadora de Jesús tendrá vida definitiva.
12-17. Pérgamo era la ciudad más suntuosa de Asia Menor. Había sido capital de los más ricos sucesores de Alejandro Magno y el centro de un considerable imperio. Había en ella un altar monumental a Zeus y un famoso santuario de Esculapio. En Pérgamo, con el templo erigido a Augusto, se inauguró el culto imperial en la provincia de Asia.
Autopresentación de Jesús (12b); la espada de dos filos es su palabra o mensaje (1,16; cf. Is 49,2), que, con su eficacia o fuerza de persuasión (aguda, dos filos), hiende aquel esplendor cultural y religioso, calificándolo de trono de Satanás (12-13). El gobernador tenía el ius gladii, es decir, el poder de vida y muerte sobre todos sus súbditos que no fuesen ciudadanos romanos. La palabra de Jesús está por encima del poder romano. Sé donde habitas (12): la comunidad está presente y actúa en la historia dentro de las estructuras sociales. Satanás, personificación del poder, fuerza enemiga que actúa en la historia a través de estructuras humanas; tiene algo de monstruoso (cf. 12,9: "el dragón") y aspira a ocupar el puesto de Dios (culto del emperador); aquí se encarna en la sociedad pagana organizada; trono, dominio.
Juicio de la situación (13-15). Positivo: elogio de la adhesión inquebrantable cuyo mayor exponente ha sido Antipas el mártir. Negativo: el peligro más grave viene de unos pocos miembros de la comunidad (14). La figura de Balaán (Nm 25,1-3) interpreta en clave del AT el sincretismo pagano-cristiano (Nikolaos = Balaán: "señor/vencedor del pueblo"); después del episodio de Balaán, se narra cómo los israelitas, seducidos por mujeres moabitas, realizaron actos de idolatría (cf. Nm 31,16).
Exhorta a tomar una decisión. Visita del Señor (Am 3,2; Os 4,9); su palabra es eficaz (16).
Promesa al vencedor, al que colabora en la victoria de Jesús y su mensaje (17b): maná escondido (Éx 16,1-36; Sal 78,24-28; Sab 13,20-29), la eucaristía, que encierra vida definitiva; el guijarro blanco sugiere la idea de victoria, de admisión a la vida; el nombre nuevo (Is 62,2), regalo de amor, refleja el proyecto personal que debe realizar; corresponde a la renovación interior del hombre e implica la intimidad entre el que lo recibe y Jesús.
18-29. En la época romana, Tiatira era un centro sin especial relieve, dedicado a la industria y al comercio (cf. Hch 16,14). A esta ciudad, la menos importante de las mencionadas, se envía la carta más larga, a a su comunidad se aplican los epítetos más solemnes.
Autopresentación de Jesús (18), cf. 1,14s. Juicio de la situación (19-23): Elogio (19). Como en Pérgamo, existe un peligro que procede del interior de la comunidad (20): Jezabel, nombre simbólico, la reina que introdujo cultos idolátricos en Israel (1 Re 16,31; 2 Re 9,22); aquí designa a una persona, probablemente una mujer, que promueve actitudes paganas. Jesús le ha dado tiempo para recapacitar, pero parece demasiado segura de sí misma (21). En el lenguaje profético, la fornicación es figura de la idolatría y puede designar la práctica del modo de vida materialista de aquella sociedad. Acción decidida de Jesús, pero sin amenaza de exclusión; quiere que sus cómplices o víctimas (sus amantes) abran los ojos. Esa escuela (hijos = discípulos) no tendrán futuro (23).
Aunque deben apartarse del culto pagano, no han de constituir un círculo cerrado en medio de la sociedad (24: no os impongo ninguna otra carga); Jesús no prescribe obligaciones, a diferencia de las religiones, que multiplicaban las prescripciones hasta el infinito; basta la fidelidad al evangelio (25). Las profundidades de Satanás puede ser una frase irónica para calificar el conocimiento esotérico de Dios que los sectarios pretender tener (cf. 1 Cor 2,10).
Promesa (26-28); las naciones, el paganismo en cuanto fuerza hostil al reinado de Dios. Estas fuerzas serán progresivamente destruidas (cita adaptada de Sal 2,8s). Se vence al mundo cuando no se pacta con él ni se disimula el mensaje. El lucero de la mañana es Jesús mismo (22,16).
3,1-6. Sardis, antigua capital del reino de Lidia, en la época romana, después del terremoto del año 17 d.C, que había destruido la mayor parte de sus edificios, tenía poca importancia.
Autopresentación de Jesús (1), cf 1,4.16.20. Juicio de la situación: la actividad de esta iglesia no es indicio de vida. Exhortación (2): detener el proceso de desintegración. Vigilancia (cf. Mt 24,42s; 1 Tes 5,2). Es una iglesia sin lucha, agonizante (2). Jesús no apaga la mecha que aún humea, pero la conversión urge; la adhesión al mensaje debe traducirse en la práctica (3). Resto fiel (4): "blanco", el color de la gloria divina.
Promesa (5): el registro de los vivos (lit. "el libro de la vida"), paralelo celeste del registro de una ciudad: pertenecía a la ciudad de Dios.
7-13. Filadelfia, fundada por Átalo Filadelfo, rey de Pérgamo, en el siglo II a.C., también había sufrido grandemente en el terremoto del año 17 d.C. Autopresentación de Jesús: la llave de David (cf. Is 22,22) indica una autoridad sin apelación (7b). Juicio de la situación (8-10): comunidad pequeña y sin pretensiones, formada probablemente por gente humilde, pero, debido a su fidelidad, Jesús le abre la posibilidad de una tarea misionera; la metáfora de la llave se continúa en la de la puerta. Ningún juicio negativo, sólo alabanzas y promesas. Sinagoga de Satanás, cf. 2,9; vayan a postrarse ante ti, cf. Is 60,14; 49,23; 45,13. Los cristianos, el verdadero Israel (9). Ayuda que corrobora la constancia (perseverar en la hora de la prueba o tentación, cf. Mt 6,13) (10). Exhortación particular (11): fidelidad hasta el fin.
Promesa (12): la nueva sociedad humana, concebida como santuario y como ciudad;los que se asocian a la obra de Jesús son el soporte de esa sociedad nueva (cf. 21,2: la nueva Jerusalén). Cuádruple repetición de la fórmula mi Dios, para subrayar la pertenencia absoluta y para siempre; mi nombre nuevo, el del Resucitado, la victoria sobre la muerte.
14-22. Para Laodicea, cerca de Colosas, cf. Col 4,16. Autopresentación (14b): el Amén, aplicado a Dios en el judaísmo, que equivale a los epítetos fiel y veraz, cf. 1,5; el principio de la creación de Dios, cf. Col 1,15; horizonte universal. Juicio de la situación: la comunidad de Laodicea no presenta faltas manifiestamente graves, pero aparece instalada en la mediocridad, quizá por adaptarse a la prosperidad de la ciudad misma; se siente satisfecha y segura (17). Exhortación particular (18): oro, vestido blanco, colirio; alusiones a la properidad de Laodicea, a su industria de lana y a su escuela de medicina. Amor paciente de Jesús, que pretende educar a la comunidad (cf. Prov 3,12; Heb 12,5-11) (19). El amor culmina en la petición de ser acogido; nadie lo espera en esta iglesia segura. No fuerza la entrada, habla invitando. Intimidad simbolizada por la cena (20).
Promesa (21): los que colaboran con Jesús participan de su realeza/condición divina (21).
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Apocalipsis. Las siete cartas. 2
sábado, 4 de septiembre de 2010
I. LO QUE ESTÁ SUCEDIENDO. Visión inaugural. Ap 1,9-20.
9 Yo, Juan, hermano vuestro, que comparto con vosotros la lucha, el linaje real y la constancia cristiana, me encontraba en la isla de Patmos por proclamar el mensaje de Dios y dar testimonio de Jesús.
10 Un domingo me arrebató el Espíritu y oí a mis espaldas una voz vibrante como una trompeta, que decía:
11 "Lo que vas a ver, escríbelo en un libro y mándalo a estas siete iglesias: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea".
12 Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; al volverme vi siete candelabros de oro
13 y en medio de los candelabros una figura humana vestida de túnica talar con una faja dorada a la altura del pecho.
14 El pelo de su cabeza era blanco como lana, como nieve; sus ojos llameaban,
15 sus pies parecían bronce incandescente (Dn 10,5-6) en la fragua y era su voz como el estruendo del océano.
16 Con la mano derecha sostenía siete estrellas, de su boca salía una espada aguda de dos filos y su temblante resplandecía como el sol en plena fuerza.
17 Al verlo caí a sus pies como muerto. Él puso su diestra sobre mí, diciéndome: "No temas, yo soy el primero y el último,
18 el que vive. Estuve muerto, pero como ves estoy vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y del abismo.
19 Escribe esto que has visto: lo que está sucediendo y lo que va a suceder después.
20 Éste es el simbolismo de las siete estrellas que viste en mi diestra y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas significan los ángeles de las siete iglesias; los siete candelabros, las sielte iglesias".
EXPLICACIÓN.
9-20 Introducción a las siete cartas. El autor se encuentra desterrado en Patmos, pequeña isla del Egeo cercana a la costa de Asia Menor. (Constancia) cristiana, lit. "en Jesús", equivalente a "en Cristo". Por primera vez aparece en la literatura cristiana el domingo, lit. "el día del Señor"; conmemora la resurrección, y se opone al sábado judío. Escríbelo en un libro; el profeta no debe sólo tomar notas sobre la visión, sino componer un libro para enviarlo a siete comunidades. Se nombran las ciudades donde éstas se encuentran (9-11).
Los siete candelabros de oro (12), dispuestos en círculo (en medio de los candelabros), no equivalen al candelabro judío de los siete brazos; representan a las siete iglesias o comunidades (1,20), que sustituyen ahora al antiguo templo. Una figura humana (13), lit. "como un hijo de hombre", cf. Dn 7,13; descripción de su aspecto (14-15), con rasgos de Dn 10,5s; Ez 1,24; 9,2; 43,2. Los pies de bronce (15) contrastan con los de arcilla de la estatua de Dn 2,33s: firmeza, indestructibilidad. Siete estrellas, los ánteles de las siete comunidades (1,20), que representan su dimensión trascendente; Jesús resucitado garantiza con su energía (mano derecha) la dimensión trascendente (estrella/ángeles) de todas las iglesias. Su única arma, eficacísima, su palabra o mensaje (espada aguda de dos filos) (16).
Terror de Juan (17). Victoria y poder de Jesús sobre la muerte (cf. 1 Cor 15,26.57), descrita con la imagen de tener las llaves de la muerte y del abismo. Lo que está sucediendo corresponde a la primera parte del libro (2,1-3,22); lo que va a suceder después es el contenido de la segunda parte (4,1-22,5).
10 Un domingo me arrebató el Espíritu y oí a mis espaldas una voz vibrante como una trompeta, que decía:
11 "Lo que vas a ver, escríbelo en un libro y mándalo a estas siete iglesias: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea".
12 Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; al volverme vi siete candelabros de oro
13 y en medio de los candelabros una figura humana vestida de túnica talar con una faja dorada a la altura del pecho.
14 El pelo de su cabeza era blanco como lana, como nieve; sus ojos llameaban,
15 sus pies parecían bronce incandescente (Dn 10,5-6) en la fragua y era su voz como el estruendo del océano.
16 Con la mano derecha sostenía siete estrellas, de su boca salía una espada aguda de dos filos y su temblante resplandecía como el sol en plena fuerza.
17 Al verlo caí a sus pies como muerto. Él puso su diestra sobre mí, diciéndome: "No temas, yo soy el primero y el último,
18 el que vive. Estuve muerto, pero como ves estoy vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y del abismo.
19 Escribe esto que has visto: lo que está sucediendo y lo que va a suceder después.
20 Éste es el simbolismo de las siete estrellas que viste en mi diestra y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas significan los ángeles de las siete iglesias; los siete candelabros, las sielte iglesias".
EXPLICACIÓN.
9-20 Introducción a las siete cartas. El autor se encuentra desterrado en Patmos, pequeña isla del Egeo cercana a la costa de Asia Menor. (Constancia) cristiana, lit. "en Jesús", equivalente a "en Cristo". Por primera vez aparece en la literatura cristiana el domingo, lit. "el día del Señor"; conmemora la resurrección, y se opone al sábado judío. Escríbelo en un libro; el profeta no debe sólo tomar notas sobre la visión, sino componer un libro para enviarlo a siete comunidades. Se nombran las ciudades donde éstas se encuentran (9-11).
Los siete candelabros de oro (12), dispuestos en círculo (en medio de los candelabros), no equivalen al candelabro judío de los siete brazos; representan a las siete iglesias o comunidades (1,20), que sustituyen ahora al antiguo templo. Una figura humana (13), lit. "como un hijo de hombre", cf. Dn 7,13; descripción de su aspecto (14-15), con rasgos de Dn 10,5s; Ez 1,24; 9,2; 43,2. Los pies de bronce (15) contrastan con los de arcilla de la estatua de Dn 2,33s: firmeza, indestructibilidad. Siete estrellas, los ánteles de las siete comunidades (1,20), que representan su dimensión trascendente; Jesús resucitado garantiza con su energía (mano derecha) la dimensión trascendente (estrella/ángeles) de todas las iglesias. Su única arma, eficacísima, su palabra o mensaje (espada aguda de dos filos) (16).
Terror de Juan (17). Victoria y poder de Jesús sobre la muerte (cf. 1 Cor 15,26.57), descrita con la imagen de tener las llaves de la muerte y del abismo. Lo que está sucediendo corresponde a la primera parte del libro (2,1-3,22); lo que va a suceder después es el contenido de la segunda parte (4,1-22,5).
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