miércoles, 29 de septiembre de 2010

LOS DOS TESTIGOS. APOCALIPSIS. 11,1-14

11 1 Me dieron una caña como de una vara, diciéndome: "Ve a medir el santuario de Dios, el altar y el espacio para los que dan culto.
2 Prescinde del patio exterior que está fuera del santuario, no lo midas, pues se ha permitido a las naciones pisotear la ciudad santa cuarenta y dos meses;
3 pero haré que mis dos testigos profeticen vestidos de sayal mil doscientos sesenta días".
4 Ellos son los dos olivos y los dos candelabros que están en la presencia del Señor de la tierra.
5 Si alguno quiere hacerles daño, saldrá de su boca fuego que devorará a sus enemigos; así, el que intente hacerles daño morirá sin remedio.
6 Tienen poder para cerrar el cielo y que no llueva mientras dure su profecía; tienen también poder para transformar el agua en sangre y herir la tierra a voluntad con plagas de toda especie.
7 Cuando terminen sus testimonio, la fiera que sube del abismo les hará la guerra, los derrotará y los matará.
8 Sus cadáveres yacerán en la calle de la gran ciudad, llamada en lenguaje profético Sodoma o Egipto, donde también su Señor fue crucificado.
9 Durante tres días y medio, gente de todo pueblo y raza, de toda lengua y nación mirarán sus cadáveres y no permitirán que les den sepultura.
10 Los habitantes de la tierra se felicitarán por su muerte, harán fiesta y se cambiarán regalos, porque estos dos profetas eran un tormento para los habitantes de la tierra.
11 Al cabo de los tres días y medio un aliento de vida mandado por Dios entró en ellos y se pusieron e npie; el terror sobrecogió a todos los que lo veían.
12 Oyeron entonces una voz potente que les decía desde el cielo: "Subid aquí". Y subieron al cielo en una nube, a la vista de sus enemigos.
13 En aquel momento se produjo un gran terremoto y se desplomó la décima parte de la ciudad; murieron en el terremoto siete mil personas, y los demás, aterrorizados, dieron la razón al Dios del cielo.
14 El segundo ay ha pasado; el tercero va a llegar pronto.

EXPLICACIÓN.

En primer lugar señala Juan la misión histórica de la iglesia, simbolizada por los dos testigos: proclamar en el mundo el evangelio; el poder del mundo usa la violencia para sofocar su voz, pero inútilmente, pues ella completa su testimonio.

Tras la destrucción del templo de Salomón (586 a.C), el profeta Ezequiel tuvo una visión en la que un hombre tomaba las medidas del templo definitivo (Ez 40-42), donde habitaría la gloria de Dios y que estaría libre de la infidelidad que había profanado el antiguo (Ez 43). Juan recibe una misión semejante (1).

Para los cristianos, el santuario y el altar (1) habían pasado a ser metáforas; el nuevo santuario es la comunidad de los fieles, en la que habita el Espíritu de Dios (cf. 2 Cor 6,16; 1 Pe 2,5). Así lo indica el texto al poner a los fieles en paralelo con el santuario y el altar; literalmente: "Ve a medir el santuario de Dios y el altar y a los que dan culto en él".

En Jerusalén, el patio exterior del templo podía ser visitado por no judíos. En el nuevo santuario, la comunidad cristiana, la situación es distinta: no hay convivencia pacífica con los paganos: por un tiempo éstos seguirán siendo enemigos y perseguidores de la nueva comunidad. No hay patio exterior (2) donde cristianos y paganos puedan mezclarse sin conflicto.

La comunidad cristiana, la ciudad santa, está siendo pisoteada por los paganos,como lo había sido Jerusalén en tiempo de Isaías (63,18). Juan escribe durante un período de persecución; asegura que ésta no durará indefinidamente, sino cuarenta y dos meses (cf Dn 12,7, la de Antíoco Epífanes) = tres años y medio = mil doscientos setenta días, la mitad de siete años (siete = totalidad / plenitud), es decir, un tiempo mucho menos que suficiente para causar daños irreparables.

Aun a riesgo de sufrir persecución, la misión de la comunidad es dar un testimonio (3), para el que se requieren al menos dos testigos, y ese testimonio es profético. De ahí que la iglesia esté representada por dos figuras de profestas.

Para describir su condición se usan dos imágenes: dos olivos (cf. Zac 4,3.11-14: los dos ungidos, rey y sacerdote, atributos de los cristianos, cf. 1,6; 5,7) y dos candelabros o fuentes de luz, como las siete iglesias en la visión inicial del libro (cf. 1,12) (4). La fuerza de su mensaje es irresistible, los adversarios no pueden impedir su proclamación (5). Las dos figuras aparecen bajo los rasgos de los más celebres profetas del AT; ambas ostentan los atributos de Elías (fuego: 2 Re 1; Eclo 48,1-3; cerrar el cielo para impedir la lluvia: 1 Re 17) y de Moisés (transformar agua en sangre, plagas: Éx 7-12) (6).

El testimonio llega a suscitar la persecución sangrienta por parte del Estado, considerado como una potencia diabólica (7: la fiera que sube del abismo); el poder político les dará muerte, pero la sociedad habrá tenido mucho tiempo de captar el mensaje que proponían (cuando terminen su testimonio). Último ultraje, negarles la sepultura, como a gente rechazada por Dios (Sal 79,3; Jr 8,2; 16,4-7; 25,33; 2 Mac 5,10) (8). La ciudad que tal hace es la que en lenguaje profético (lit. "espiritualmente/inspiradamente") se llama Sodoma, la ciudad abominable destinada a la destrucción y Egipto, la tierra de opresión de donde saca el éxodo de Jesús. Jerusalén, que crucificó al Señor, se convierte en prototipo de ciudad maldita y opresora.

Se pensaba que la muerte esra definitiva pasados tres días; así, a los tres días y medio, creerán haber acabado para siempre con la denuncia que los atormentaba; de todo pueblo y raza: el mensaje evangélico pone en peligro la existencia de cualquier forma de opresión en el mundo (9). Alegría de los impíos que piensan haber cerrado la boca a Dios (10).

Pero la suerte de los testigos -como la de todo cristiano- es la misma de Jesús: el triunfo del mundo es sólo aparente (11). Llegará el día en que sean reivindicados públicamente, cuando será evidente que Dios estaba de su parte. Es decir, los adversarios podrán constatar que la persecución, en vez de ponerle fin, fortalece el movimiento suscitado por el mensaje (12).

La resurrección y exaltación de los dos testigos (11-12) se acompaña de una terrible calamidad, aunque limitada (13: la décima parte); la ciudad puede representar a la sociedad, cuya estructura se ve notablemente afectada; siete mil, una totalidad, ruina de un numeroso círculo o clase social. La calamidad hace comprender. Dieron la razón, lit. "dieron gloria", cf. Lc 23,47; Jn 9,24; Rom 4,20. La calamidad y sus resultados parecen ser un anuncio profético del efecto final del mensaje en la sociedad pagana, la desaparición de la injusticia y el cambio de valores, al fin de los "cuarenta y dos meses" de persecución.

viernes, 24 de septiembre de 2010

EL LIBRITO PROFÉTICO. Ap 10,1-11.

10 1 Vi entonces otro ángel vigoroso que bajaba del cielo envuelto en una nube; el arco iris aureolaba su cabeza, su rostro parecía el sol y sus piernas columnas de fuego.
2 Llevaba en la mano un librito abierto. Plantó el pie derecho en el mar y el izquierdo en la tierra
3 y dio un grito estentóreo, como rugido de león; cuando gritó él, los siete truenos hicieron resonar su estruendo.
4 Cuando hablaron lo siete truenos, me dispuse a escribir, pero oí una voz del cielo que decía; "Guárdate lo que han dicho los siete truenos, no lo escribas ahora".
5 El ángel que había visto de pie sobre el mar y la tierra levantó la mano derecha al cielo
6 y juró por el que vive por los siglos de los siglos (Dn 12,7), por el que creó el cielo y cuanto contiene, la tierra y cuanto contiene, el mar y cuanto contiene: "Se ha terminado el plazo;
7 cuando el séptimo ángel empuñe su trompeta y dé su toque, entonces, en esos días, llegará a su término el designio secreto de Dios, como lo anunció a sus siervos los Profetas".
8 La voz del cielo que había escuchado antes se puso a hablarme de nuevo diciendo: "Ve a coger el libro abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y la tierra.
9 Me acerqué al ángel y le dije: "Dame el librito". Él me contestó: "Cógelo y cómetelo; te amargará las entrañas, aunque al paladar te sabrá dulce como la miel".
10 Cogí el librito de mano del ángel y me lo comí; en la boca me sabía dulce como miel, pero cuando me lo tragué sentí una amargura en las entrañas.
11 Entonces me dijeron: "Tienes que profetizar todavía contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos".

EXPLICACIÓN.

1-11 Se interrumpe de nuevo el proceso destructor, que es sólo el envés de la acción salvadora de Dios. Hasta ahora, estando en el cielo, Juan había contemplado la historia humana descubriendo en ella la realización de los designios divinos. Ahora, en esta pausa que precede al son de la última trompeta, se encuentra de nuevo en la tierra.

En el cielo había visto un ángel vigoroso que invitaba a abrir el rollo de los siete sellos (5,2). Ahora ve bajar del cielo a otro ángel vigoroso. Atributos del ángel: arco iris, continúa la alianza de Dios con Noé, por la que prometió que nunca otro diluvio destruiría la humanidad (Gn 9,12-17); sol, cf. 1,16 (de Jesús); columnas de fuego, cf. 1,15 (1). Éste ángel trae un librito (revelación más limitada), no sellado, sino abierto, dispuesto para la lectura (revelación accesible) (2).

El ángel parece personificar la visión de un relámpago que sale de una masa de nubes apiladas sobre el mar y la tierra (dominio universal de Dios). Antes de hablar, el ángel lanza un grito como el rugido de un león, al que hace eco el séptuple trueno, que simboliza la voz de Dios (Sal 29,3-9; Os 1,10; Am 1,2): es un mensaje divino el que trae. Sin embargo, no todo lo que Dios ha dicho puede ser comunicado por el momento (3-4).

El juramento del ángel tiene por modelo Dn 12,7 (cf. Dt 32,40; Neh 9,6). Se ha terminado el plazo (6); Dios señala el cumplimiento de su designio secreto de salvación (contenido en el rollo sellado) (5-7).

Cuando el fin parecía inminente, se renueva la misión profética de Juan (8). Tiene que digerir y meditar las palabras de Dios para poder transmitirlas eficazmente (cf. Ez 3,1-3). Son palabras de consuelo y de tristeza (dulce y amargo) (9-10). Su mensaje se precisa y su misión se ensancha: ya no habla a siete iglesias (2,1ss), sino a muchos pueblos (11). Ha de exponer en detalle la etapa final, explicando el sentido profundo de la historia; aún no se ha hecho ver el sentido trascendente de la batalla que se libra en el mundo ni se han identificado los contendientes.

SEXTA TROMPETA O SEGUNDO AY: LA CABALLERÍA INFERNAL. Ap 9,13-21.

13 Al tocar su trompeta el sexto ángel oí una voz que salía de los ángulos del altar de oro que está delante de Dios.
14 Le decía al sexto ángel, al que tenía la trompeta: "Suelta a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río, el Éufrates".
15 Quedaron sueltos los cuatro ángeles, que estaban reservados para matar en tal hora, día, mes y año a la tercera parte de la humanidad.
16 Las tropas de caballería contaban doscientos millones; el número lo oí.
17 En la visión vi así a los caballos y a sus jinetes; llevaban corazas color fuego, jacinto y azufre; las cabezas de los caballos parecían cabezas de león y por la boca echaban fuego, humo y azufre.
18 Estas tres plagas, es decir, el fuego, el humo y el azufre que echan por la boca, mataron a la tercera parte de la humanidad.
19 Los caballos tienen su ponzoña en la boca y también en la cola, pues las colas parecen serpientes con cabezas y con ellas dañan.
20 El resto de los hombres, los que no murieron por estas plagas, tampoco se arrepintieron: no renunciaron a las obras de sus manos, ni dejaron de rendir homenaje a los demonios y a los ídolos de oro y plata, bronce, piedra y madera, que no ven ni oyen ni andan (Sal 115,4-7).
21 No se arrepintieron tampoco de sus homicidios, ni de sus maleficios, ni de su lujuria, ni de sus robos.

EXPLICACIÓN.

13-21. La voz sale de entre los ángulos del altar donde se han ofrecido las oraciones de los fieles (8,3) (13). También esta plaga, por tanto, es respuesta a ellas, pero no va a afectar a los individuos aislados, sino a la sociedad como tal. Se pensaba que los reinos o imperios estaban protegidos o apoyados por ciertos ángeles. Aquí, los cuatro ángeles atados junto al río Éufrates representan al Imperio de los partos, situado al otro lado del río (14).

Se desata la fuerza de este imperio (15), famoso por su caballería aguerrida e innumerable (16). Había infligido a Roma humillantes derrotas, en 53 a.C. y de nuevo en 62 d.C. Juan describe la ferocidad de esta cabellería diseñando unas bestias mitológicas (17: cabezas de león, etc.). Los jinetes partos llevaban arcos (cf. 6,2) con los que disparaban con atinada puntería lo mismo al atacar que al retirarse (19: los caballos tienen su ponzoña en la boca y también en la cola).

Los estragos de la invasión no eliminan la idolatría. Los hombres no aprenden con los desastres, siguen con los ídolos que no pueden salvarlos (no ven ni oyen ni andan) y que no son más que proyecciones de los que los fabrican (obras de sus manos) (Dn 5,4) (20); tampoco renuncian a la injusticia: violencia, malas artes, inmoralidad, ambición de riqueza (21). El llamamiento divino simbolizado por estas plagas, lo mismo las interiores (langostas) que las que proceden del exterior (invasión), no tienen por finalidad castigar a los hombres, sino hacerlos recapacitar para provocar un cambio de conducta.

QUINTA TROMPETA O PRIMER AY: LA LANGOSTA. Ap 91-12.

9 1 Al tocar su trompeta el quinto ángel vi en la tierra una estrella caída del cielo. Le entregaron la llave del pozo del abismo y abrió el pozo del abismo;
2 del pozo salió humo como el humo de un gran horno, y con el humo del pozo se oscurecieron el sol y el aire.
3 Del humo saltaron a la tierra langostas y se les dio ponzoña de escorpiones.
4 Se les ordenó que no hicieran daño a la hierba ni a nada verde ni a ningún árbol, sino sólo a los hombres que no llevan la marca de Dios en la frente.
5 No se les permitió matarlos, pero sí atormentarlos durante cinco meses; el terremoto que causan es como picadura de escorpión.
6 En aquellos días los hombres buscarán la muerte y no la encontrarán, ansiarán morir y la muerte huirá de ellos.
7 Las langostas tienen aspecto de caballos aparejados para la guerra; llevan en la cabeza una especie de corona dorada y la cara parece de hombre,
8 las crines son como pelo de mujer y los dientes parecen de león.
9 Tienen el pecho como corazas de hierro y el fragor de sus alas diríase el fragor de carros con muchos caballos que corren al combate.
10 Tienen colas con aguijones, como el escorpión, y en la cola la ponzoña para dañar a los hombres durante cinco meses.
11 Están a las órdenes de un rey, el ángel del abismo; en hebreo su nombre es Abaddón, en griego Apolíon, el exterminador.
12 El primer ay ha pasado; quedan todavía dos.

EXPLICACIÓN.

Se pensaba que las estrellas estaban regidas por ángeles o espíritus, y es una estrella caída quien abre el pozo del abismo. Según la concepción mítica, las fuerzas del caos habían sido aprisionadas y recluidas en lo profundo de la tierra. Abrir el pozo del abismo significaba poner en libertad esas fuerzas destructoras, por mucho tiempo reprimidas (1).

La columna de humo priva de la luz (2); contiene una nube de langosta, que, como en Jl 2,4s, tiene la apariencia de un cuerpo de caballería. Las langostas aparecen en la visión como centauros en miniatura (7: cara de hombre); cabellera de mujer (8); larga como la ciertos guerreros bárbaros. El sonido maléfico de sus alas recuerda el de los carros de combate (9); colas con aguijones (10), cf. v.3.

Son enemigos en apariencia insignificantes (langostas), pero dañinos, que atacan exclusivamente a los hombres vendidos al mal, hasta llevarlos a la desesperación (3-6). Su pequeñez, el ataque individual que efectúan y el tormento que causan parecen situarlas en el plan psicológico, en el de una angustia tan dolorosa y enconada que hace intolerable la vida y excluye toda esperanza de librarse de ella. El tormento, sin embargo, no es indefinido (5.10).

Juan las describe como seres diabólicos, fuerzas caóticas. Tienen un rey, el ángel del abismo (Satanás), el destructor o exterminador, y forman parte de su plan. Abaddon, cf. Job 26,6; el nombre griego Apollyon recuerda el del dios griego Apolo.

LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS. Ap 8,7-13.

7 Al tocar su trompeta el primero se produjeron granizo y centellas mezclados con sangre y los lanzaron a la tierra: un tercio de la tierra se abrasó, un tercio de los árboles se abrasó y toda la hierba verde se abrasó.
8 Al tocar su trompeta el segundo ángel lanzaron al mar un enorme bólido incandescente:
9 un tercio del mar se convirtió en sangre, un tercio de los seres que viven en el mar murió y un tercio de las naves naufragó.
10 Al tocar su trompeta el tercer ángel se desprendió del cielo un gran cometa que ardía como una antorcha y fue a dar sobre un tercio de los ríos y sobre los manantiales.
11 El cometa se llamaba "Ajenjo": un tercio de las aguas se convirtió en ajenjo y mucha gente murió a consecuencia del agua, que se había vuelto amarga.
12 Al tocar su trompeta el cuarto ángel repercutió en un tercio del sol, en un tercio de la luna y en un tercio de las estrellas: se entenebreció un tercio de cada uno y al día le faltó un tercio de su luz, y lo mismo a la noche.
13 En la visión oí un águila que volaba por mitad del cielo clamando: "¡Ay, ay, ay de los habitantes de la tierra por los restantes toques de trompeta, por los tres ángeles que van a tocar!"

EXPLICACIÓN.

7-13. La naturaleza se vuelve hostil para los que se oponen al plan de Dios. Las catástrofes, reflejo de la maldad de los hombres, son sólo parciales; se ven como un aviso divino e incluyen una esperanza de la liberación.

Las tres primeras trompetas provocan plagas que recuerdan las de Egipto (castigo de los opresores y preludio de la liberación): granizo (7), sangre (7,8) y tinieblas (Éx 7-10) (12); se añade el fuego (7) (cf. Jl 2,30) y la montaña ardiente o bólido incandescente que se precipita en el mar (cf. Jr 51,25) (8); esta imagen puede estar inspirada en la erupción del Vesubio que sepultó Pompeya (70 d.C). Ajenjo (11), planta aromática de esencia amarga y tóxica; para el agua envenenada, cf. Jr 9,14; 23,15.

Quedan así parcialmente dañados (un tercio) la tierra y sus productos (7: primera trompeta, hambre), el mar, la pesca y el comercio (8-9: segunda trompeta, terror, hambre), el agua potable (10-11): tercera trompeta, sed), la luz del día y de la noche (12: cuarta trompeta; tristeza).

El grito del águila (13), nota de terror, anuncia el toque de las tres últimas trompetas: nueva dimensión de los males que se avecinan, que ya no dañarán a la naturaleza, sino directamente a los hombres.

TERCERA SECCIÓN: EL SÉPTIMO SELLO Y LA SERIE DE LAS TROMPETAS. Ap 8,1-6.

8 1 Cuando soltó el séptimo sello se hizo el silencio en el cielo por cosa de media hora.
2 Vi a los siete ángeles que están delante de Dios; les dieron siete trompetas.
3 Llegó otro ángel llevando un incensario de oro y se detuvo junto al altar; le entregaron gran cantidad de aromas para que los mezclara con las oraciones de todos los consagrados sobre el altar de oro situado ante el trono.
4 De la mano del ángel subió ante Dios el humo de los aromas mezclado con las oraciones de los consagrados.
5 El ángel cogió entonces el incensario, lo llenó de ascuas del altar y lo arrojó a la tierra; hubo truenos, estampidos, relámpagos y un terremoto.
6 Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se aprestaron a tocarlas.

EXPLICACIÓN.

1-6. La ruptura de los sellos ha quedado interrumpida por la visión de dos aspectos de la historia de la comunidad cristiana: el tiempo concedido para completar el nuevo pueblo de Dios en la tierra (7,1-8) y el glorioso destino de los que van sufriendo persecución y muerte (7,9-17).

El séptimo sello está aún intacto. Parece que su ruptura, siendo el último, debería indicar el fin; en cambio, se produce en el cielo un silencio amenazador. De hecho, la ruptura del último sello va a inaugurar una segunda serie, la de las trompetas, señal de guerra y de victoria (2). Siete ángeles, cf. 1.20.

En el intervalo de silencio se escuchan las oraciones de los cristianos (todos los consagrados). El altar del incienso, símbolo de la oración (cf. Sal 141,2). Los aromas que se mezclan con las oraciones simbolizan el amor, don divino; con la fuerza de ese amor las oraciones son eficaces ante el trono de Dios. Se alude a la ceremonia matutina y vespertina del templo de Jerusalén: mientras el sacerdote ofrecía el incienso en el altar de oro, un levita tocaba la trompeta, cuyo son se oía fuera del templo. Respuesta a las oraciones: la tempestad y el terremoto que siguen, significando una intervención divina en la historia (5), que va a especificarse con los efectos de las siete trompetas (6).

miércoles, 22 de septiembre de 2010

VICTORIA DE DIOS Y SUERTE DE LOS FIELES. Ap 7,9-17.

9 Después de esto apareció en la visión una muchedumbre innumerable de toda nación y raza, pueblo y lengua; estaban de pie ante el trono y ante el Cordero, vestidos de blanco y con palmas en la mano;
10 aclamaban a gritos:
-¡La victoria pertenece a nuestro Dios,
que está sentado en el trono,
y al Cordero!
11 Todos los ángeles que estaban de pie rodeando el trono, los ancianos y los cuatro vivientes, cayeron rostro en tierra ante el trono y rindieron homenaje a Dios,
12 diciendo:
- Amén.
¡La alabanza, la gloria, la sabiduría,
las gracias, el honor,
la potencia y la fuerza
se deben a nuestro Dios
por los siglos de los siglos!
Amén.
13 Se dirigió a mí uno de los ancianos y me preguntó: "Esos vestidos de blanco ¿quiénes son y de dónde vienen?" Yo le respondí: "Señor mío, tú lo sabrás".
14 El me contestó: "Esos son los que han salido de la gran persecución; han lavado y blanqueado sus vestiduras con la sangre del Cordero,
15 por eso están ante el trono de Dios, sirviéndole noche y día en su santuario; el que está sentado en el trono habitará con ellos;
16 no pasarán más hambre ni más sed, ni el sol ni el bochorno pesarán sobre ellos,
17 pues el Cordero que está ante el trono será su pastor y los conducirá a fuentes de agua viva (Is 49,10) y Dios enjugará las lágrimas de sus ojos" (Is 25,8).

EXPLICACIÓN.


9-17. Después de haber oído como Dios va a custodiar a los suyos en la tierra, Juan ve una muchedumbre inmensa procedente de todos los pueblos de la tierra, que representa la suerte de los que han sido fieles hasta el fin. La diferencia de origen no les impide gozar del mismo triunfo y lanzar el mismo grito, reconociendo que la salvación se debe a Dios y al Cordero, Jesús (9-10). Son los que han dado la vida por el mensaje y el testimonio (6,9). Los distintivos de los 144.000 describen su condición definitiva: estar de pie indica la superación de la muerte (cf.5,6); la vestidura blanca y (cf. 6,11) la palma en la mano simbolizan la victoria. A la aclamación de los mártires responde todo el coro celeste, que ratifica la aclamación (Amén) y expresa su reconocimiento y alegría por la obra realizada (11-12).

El diálogo con el anciano (13-14) se inspira en Zac 4,1-5. Juan no podía reconocer en la gloriosa multitud a la iglesia perseguida en la tierra. Los que han salido de la gran persecución, los que han consumado su éxodo y han alcanzado la tierra prometida; han lavado y blanqueado sus vestiduras con la sangre del Cordero; la sangre/muerte de los mártires ha sido cancelada por la vida que dimana de la muerte de Jesús; la adhesión y el seguimiento de Jesús, condenado por la sociedad injusta y crucificado (la sangre del Cordero), obtiene la victoria (vestiduras blancas, resurrección).

Sacerdotes (sirviéndole, etc, cf, 1,6; 5,10), en plena intimidad con Dios (habitará con ellos) (15). La descripción de la felicidad de los mártires recoge motivos de Is 49,10; 25,8, entre otros (16-17) y significa el fin de la opresión y el dolor. Vida permanente (fuentes de agua viva/vivificante); la ternura de Dios con ellos (enjugará), descubre la figura del Padre.