jueves, 30 de septiembre de 2010

LAS DOS FIERAS. Ap 12,18-13,10.

12 18 El dragón se detuvo en la arena del mar.

13 1 Entonces vi una fiera que salía del mar; tenía diez cuernos y siete cabezas, llevaba en los cuernos diez diademas y en las cabezas un título blasfemo.
2 La fiera que vi parecía una pantera con patas de oso y fauces de león. El dragón le confirió su poder, su trono y gran autoridad.
3 Una de sus cabezas parecía tener un tajo mortal, pero su herida mortal se había curado. Todo el mundo, admirado, seguía a la fiera;
4 rindieron homenaje al dragón por haber dado su autoridad a la fiera y rindieron homenaje a la fiera exclamando: "¿Quién hay como la fiera?, ¿quién puede combatir con ella?.
5 Dieron a la fiera una boca grandilocuente y blasfema y el derecho de actuar cuarenta y dos meses.
6 Abrió su boca para maldecir a Dios, insultar su nombre y su morada y a los que habitaban en el cielo.
7 Le permitieron guerrear contra los consagrados y vencerlos y le dieron autoridad sobre toda raza, pueblo, lengua y nación.
8 Le rendirán homenaje todos los habitantes de la tierra, excepto aquellos cuyos nombres están escritos desde que empezó el mundo en el registro de los vivos que tiene el Cordero degollado.
9 Quien tenga oídos que oiga:
10 El que está destinado al cautiverio,
al cautiverio va.
Al que tenía que morir a espada,
a espada lo mataron (
Jr 15,2).
¡Aquí del aguante y la fe de los consagrados!


EXPLICACIÓN.

En la época de Juan, el "Dragón/poder divinizado" se encarna en el Imperio romano, simbolizado por la fiera, que exige adoración divina y lleva a cabo su obra destructora.

En la arena del mar, terreno sin estabilidad (cf. 14,1: el Cordero "en el monte") (18). El mar representa en el Apocalipsis un residuo del caos inicial, destinado a desaparecer (cf.21,1: "y el mar ya no existía). Una fiera que salía del mar (13,1): No es una orden de Dios ni un ángel quien suscita esta fiera. Juan combina las cuatro fieras de Dn 7,1-7 (figuras de imperios paganos), para describir el poder imperial romano, prototipo del opresor. Diez cuernos, cf.17,12s: diez reyes vasallos; siete cabezas, cf. 17,9s; las siete colinas y siete emperadores; diez diademas, los reinos que domina; título blasfemo, los títulos divinos asumidos por los emperadores. El poder imperial no es divino ni procede de Dios, es agente del Enemigo del hombre (cf. 12,9: "el diablo, Satanás"), que reina por su medio (le confirió su poder, etc.) (2). Una de sus cabezas, etc. (3): ha logrado superar una crisis que lo ha puesto en peligro, quizá la guerra civil después de la muerte de Nerón (parodia de Jesús muerto y resucitado). El pueblo admira la fuerza del imperio y hace suya la ideología del poder (rindieron homenaje al dragón); se hace incondicional de sus propios opresores (4).

Blasfema, cf. v,1: "un título blasfemo". Cuarenta y dos meses, cf. 11,2s; 12,6, el tiempo de la persecución. La divinización del poder (culto al emperador), blasfemia contra Dios. No tiene nada positivo que ofrecer (6). Dios no interfiere en el juego de las libertades humanas (7). Sumisión universal (cf. Dn 3), pero los destinados a lavida no se dejan seducir (8). Con el texto de Jr 15,2, Juan describe la suerte de los que niegan su adhesión a la fiera. Reacción cristiana: aceptar la persecución renunciando a toda violencia (9-10).

La mujer y el dragón. 3ª parte. Ap 12,13-17.

13 Cuando vio el dragón que lo habían arrojado a la tierra se puso a perseguir a la mujer que había dado a luz el hijo varón.
14 Le dieron a la mujer las alas del águila real para que volase a su lugar en el desierto, donde será sustentada un año y otro año y medio año lejos de la serpiente.
15 La serpiente, persiguiendo a la mujer, echó por la boca un río de agua, para que el río la arrastrase;
16 pero la tierra salió en ayuda de la mujer, abrió su boca y se bebió el río salido de la boca de la serpiente.
17 Furioso el dragón contra la mujer, se marchó a hacer la guerra el resto de su descendencia, a los que cumplen los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.


EXPLICACIÓN.

El declive de su prestigio no hace desistir al poder de la persecución contra la comunidad cristiana (13). Las dos alas del águila real, lit. "de la gran águila", alusión a Ez 17,7, donde un águila gigante, sin duda figura de Dios (cf. Éx 19,4; Dt 32,11) hace que Israel encuentre las aguas que aumentarán su fecundidad. Aquí, la ayuda no es exterior, Dios potencia a la comunidad misma (le dieron las dos alas) con una fuerza que le permite escapar rápidamente del asedio del perseguidor, refugiándose, como antes, en el desierto, es decir, reafirmando su ruptura con la sociedad injusta; esta ruptura es lo que la mantiene en vida (será sustentada) y la hace invencible. La comunidad cristiana no tiene poder ni se enfrenta con su enemigo. Un año, etc., lit. "un tiempo y tiempos y medio tiempo" (cf. Dn 7,25; 12,7), son los tres años y medio o 1260 días que duran la persecución y el testimonio (cf. 12,6).

La serpiente (15), el dragón en cuanto tentador que extravía al género humano (12,9); ataque indirecto, pero irresistible (de su boca, ¿promesas?; la tierra, aliada de la mujer (cf. 11,19: "los que destruyen la tierra") (16). Fracasado el intento contra la iglesia en su conjunto, persigue a grupos cristianos; nuevo ensañamiento, descrito a continuación (17).

La mujer y el dragón. 2ª parte. Ap 12,7-12.

7 En el cielo se trabó una batalla. Miguel y sus ángeles declararon la guerra al dragón. Lucharon el dragón y sus ángeles declararon guerra al dragón. Lucharon el dragón y sus ángeles, pero no vencieron.
8 y desaparecieron del cielo definitivamente;
9 al gran dragón, a la serpiente primordial que se llama diablo y Satanás y extravía a la tierra entera, lo precipitaron a la tierra y precipitaron a sus ángeles con él.
10 Oí en el cielo una aclamación:

-¡Ha sonado la hora de la victoria de nuestro Dios,
de su poderío y de su reinado,
y de la potestad de su Mesías!
Porque han derribado al acusador de nuestros hermanos,
al que los acusaba día y noche ante nuestro Dios;
11 ellos lo vencieron con la sangre del Cordero
y con el testimonio que pronunciaron
y no amando la vida hasta temer la muerte.
12 Regocijaos por eso, cielos
y los que en ellos habitáis.
¡Ay de la tierra y del mar!
El diablo bajó contra vosotros rebosando furor,
pues sabe que le queda poco tiempo.


EXPLICACIÓN.

Paréntesis. Miguel (cf. Dn 10,13,21; 12,1) representa la fuerza divina en favor del pueblo de Dios, la comunidad cristiana. La batalla: transposición a nivel trascendente de un antagonismo existente a nivel histórico: Dios (el mensaje de Jesús) niega el carácter divino del poder; éste pretende conservar la usurpada condición divina (Lucharon, etc. ) (7). Mientras el Hombre ha sido elevado a la esfera divina (12,5), su antagonista, el dragón/poder, es expulsado definitivamente de ella. Desacralización del poder político y de sus agentes (sus ángeles), con alusión a la divinización del Estado fomentada por el culto al emperador (8). Se identifica al dragón/poder con la serpiente que provocó el pecado y la muerte del género humano. No es sólo violento, sino también insidioso (9: extravía, como a los primeros padres). Ruina de sus pretensiones: el dragón/poder es sólo una realidad terrestre.

Aclamación: El reinado de Dios y del Mesías en lugar de la tiranía del dragón (10a). El poder y sus agentes acusaban de impiedad a los cristianos por negarse a practicar el culto imperial (cf. Job 1-2; Zac 3,1s); según ellos, acatar el poder equivalía a acatar a Dios (10b). La batalla mítica entre Miguel y el dragón se expone en términos históricos: son los cristianos quienes han vencido al dragón. La muerte de Jesús a manos de los poderes del mundo (la sangre del Cordero) les ha dado fuerza para desafiarlos, sin arredrarse por la pérdida de la vida (11). Alegría por la liberación (12a). El poder, consciente de su fracaso y de su precariedad, va a actuar con mayor saña (12b).

LA MUJER Y EL DRAGÓN. Ap 12,1-6.

12 1 Apareció en el cielo una magnífica señal: una mujer envuelta en el sol, con la luna bajo sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas.
2 Estaba encinta, gritaba por los dolores del parto y el tormento de dar a luz.
3 Apareció en el cielo otra señal: un gran dragón rojo con siete cabezas y diez cuernos, y en las cabezas siete diademas.
4 Su cola barrió la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó a la tierra.
El dragón se quedó delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo cuando naciera.
5 Ella dio a luz un hijo varón, destinado a regir a todas las naciones con cetro de hierro (Sal 2,9); pero arrebataron a su hijo y lo llevaron hasta Dios y su trono.
6 La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios, para que allí la sustenten mil doscientos sesenta días.


EXPLICACIÓN.

Comienza la exposición del contenido del librito. La persecución al mensaje cristiano es la concreción histórica de una lucha más profunda. Descrita en términos míticos, es la lucha entre Dios y el dragón, figura del mal, identificado con Satanás, "el Enemigo" y "la serpiente antigua", que causó la muerte del hombre. En términos históricos, es la desmitificación del poder, que, gracias al testimonio de Jesús y al de sus seguidores, pasa de ser considerado como divino (el dragón en el cielo) a ser visto como el Enemigo del hombre y adversario del plan de Dios; el designio divino liberador se propone destruir el poder, que oprime al hombre y le impide alcanzar su plenitud.

Se abre esta sección con la presentación de la comunidad cristiana como realidad trascendente insertada en la historia.

Magnífica ( lit. "grande") señal, imagen portadora de un mensaje de fundamental importancia ; en el cielo implica la trascendencia divina. Teniendo en cuenta los símbolos usados por los profetas, una mujer, que es esposa y madre hace pensar en la relación de Dios con el pueblo y en su fecundidad. Envuelta por Dios de sol: amor de Dios hacia ella (cf. Os 52,1; 61,10); la luna bajo sus pies, dominio sobre la sucesión del tiempo, existencia por encima de las vicisitudes humanas (cf. Sal 89,37s, en contexto de alianza); corona, realeza; de estrellas, dimensión trascendente; doce, el nuevo Israel universal (cf. 21,12-14). El atuendo de la mujer indica pues, la realidad trascendente del nuevo pueblo de Dios, la comunidad cristiana.

Madre fecunda (2): parto particularmente doloroso (a través de la persecución; cf. Jn 16,20); tensión de la comunidad hacia una realidad nueva, el nacimiento del Hombre (el hombre nuevo, la plenitud humana, cuyo prototipo es Jesús; cf. Jn 16,21) en cada uno de sus miembros.

Otra señal (3), nuevo mensaje procedente también de la esfera divina (en el cielo). Dragón, símbolo de una voluntad de mal que consigue sojuzgar a los hombres y escapa de su control; fuerza tremenda y temible (grande), sanguinaria (rojo), con plena vitalidad (siete cabezas): máxima expresión del mal, pero su fuerza (cuernos), aunque grande, no es ilimitada (diez). Esta fuerza de mal se encarna en el poder político (diademas). Quiere acaparar el poder (barrió la tercera parte de las estrellas del cielo, figura de los príncipes o poderosos que derroca, cf. Dn 8,10.24s, de Antíoco Epífanes) (4a). Carácter demoníaco del poder, hasta ahora divinizado.

Desproporción entre la fuerza del mal y la de la mujer. El poder no tolera la existencia del hombre nuevo (para devorar) (4b). Hijo varón, fuerza. La comunidad va realizando en la historia el designio de Dios sobre el hombre y consigue hacerlo a pesar de las fuerzas hostiles. Aunque históricamente débil, no será destruida; por el contrario, vencerá y dominará a sus adversarios (destinado a regir, etc., Sal 2,9; cf. Ap 2,25s, donde se dice a todo cristiano "que salga vencedor"); fracaso de la tentativa de eliminar al hombre nuevo, que, participando de la libertad y señorío de Dios (hasta Dios y su trono), queda fuera de su alcance (5). La comunidad como realidad terrestre sigue perseguida; en el desierto (6), fuera de los valores de la sociedad (situación de éxodo respecto a la sociedad opresora), encuentra refugio y protección divina. 1260 días, tres años y medio (cf. 11,2s), el tiempo de la profecía y de la persecución de los dos testigos, figuras de la comunidad (11,3).

CUARTA SECCIÓN: LA SÉPTIMA TROMPETA Y LA SERIE DE LOS CUENCOS. Ap 11,15-19.

15 Al tocar su trompeta el séptimo ángel se oyeron aclamaciones en el cielo:
-¡El reinado sobre el mundo
ha pasado a nuestro Señor y a su Mesías
y reinará por los siglos de los siglos!
16 Los veinticuatro ancianos que están sentados delante de Dios cayeron rostro en tierra rindiendo homenaje a Dios,
17 y decían:
-¡Gracias, Señor Dios, soberano de todo,
el que eres y que eras,
por haber asumido tu gran potencia
y haber empezado a reinar!
18 Montaron en cólera las naciones,
pero tu cólera ha llegado:
el momento de juzgar a los muertos,
pequeños y grandes;
para recompensar a tus siervos los profetas,
a los consagrados y a los que respetan tu nombre,
para destruir a los que destruyen la tierra.
19 Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza; se produjeron relámpagos, estampidos, truenos, un terremoto y temporal de granizo.


EXPLICACIÓN.

Culmina la serie de las trompetas: ante esa realidad de persecución, ha llegado el momento de que reinado de Dios se manifieste a la humanidad, y se acabe la injusticia del mundo. Aclamación entusiasta de voces celestes: los que habían esperado y aquello por lo que habían orado ("llegue tu reinado") va a cumplirse al fin (15).

Los ancianos, la humanidad nueva en su estado definitivo (16), da gracias a Dios por la reivindicación que va a verificarse; el que eres y que eras: llegado el final, se suprime el tercer miembro, y que viene (cf. 1,4-8) (17). El himno utiliza motivos del AT (montaron en cólera las naciones, cf. Sal 2,1; pequeños y grandes, cf. Sal 115,13). A la cólera de las naciones paganas se opone la cólera de Dios (18); este concepto significa que nada detendrá las consecuencias autodestructoras del mal cometido por los hombres. Se mencionan los acontecimientos finales: el juicio, la recompensa y la destrucción de los que destruyen la tierra, los enemigos de la creación de Dios. Las tres denominaciones: los profetas ( cf. 19,10), los consagrados (cf. 5,8) y los que respetan tu nombre, son tres modos de designar a los cristianos, subrayando respectivamente su misión ante el mundo, la presencia del Espíritu en ellos y su fidelidad a Dios.

La acción divina que se anuncia es una teofanía, simbolizada por la apertura del santuario, la aparición del arca, la tempestad y el terremoto la presencia divina hace vacilar la tierra, cf. Éx 19,18; Sal 18,8; 97,4; Hab 3,6.10) (19). El arca de la alianza, garantía de la fidelidad divina, en el momento del juicio (19).

miércoles, 29 de septiembre de 2010

LOS DOS TESTIGOS. APOCALIPSIS. 11,1-14

11 1 Me dieron una caña como de una vara, diciéndome: "Ve a medir el santuario de Dios, el altar y el espacio para los que dan culto.
2 Prescinde del patio exterior que está fuera del santuario, no lo midas, pues se ha permitido a las naciones pisotear la ciudad santa cuarenta y dos meses;
3 pero haré que mis dos testigos profeticen vestidos de sayal mil doscientos sesenta días".
4 Ellos son los dos olivos y los dos candelabros que están en la presencia del Señor de la tierra.
5 Si alguno quiere hacerles daño, saldrá de su boca fuego que devorará a sus enemigos; así, el que intente hacerles daño morirá sin remedio.
6 Tienen poder para cerrar el cielo y que no llueva mientras dure su profecía; tienen también poder para transformar el agua en sangre y herir la tierra a voluntad con plagas de toda especie.
7 Cuando terminen sus testimonio, la fiera que sube del abismo les hará la guerra, los derrotará y los matará.
8 Sus cadáveres yacerán en la calle de la gran ciudad, llamada en lenguaje profético Sodoma o Egipto, donde también su Señor fue crucificado.
9 Durante tres días y medio, gente de todo pueblo y raza, de toda lengua y nación mirarán sus cadáveres y no permitirán que les den sepultura.
10 Los habitantes de la tierra se felicitarán por su muerte, harán fiesta y se cambiarán regalos, porque estos dos profetas eran un tormento para los habitantes de la tierra.
11 Al cabo de los tres días y medio un aliento de vida mandado por Dios entró en ellos y se pusieron e npie; el terror sobrecogió a todos los que lo veían.
12 Oyeron entonces una voz potente que les decía desde el cielo: "Subid aquí". Y subieron al cielo en una nube, a la vista de sus enemigos.
13 En aquel momento se produjo un gran terremoto y se desplomó la décima parte de la ciudad; murieron en el terremoto siete mil personas, y los demás, aterrorizados, dieron la razón al Dios del cielo.
14 El segundo ay ha pasado; el tercero va a llegar pronto.

EXPLICACIÓN.

En primer lugar señala Juan la misión histórica de la iglesia, simbolizada por los dos testigos: proclamar en el mundo el evangelio; el poder del mundo usa la violencia para sofocar su voz, pero inútilmente, pues ella completa su testimonio.

Tras la destrucción del templo de Salomón (586 a.C), el profeta Ezequiel tuvo una visión en la que un hombre tomaba las medidas del templo definitivo (Ez 40-42), donde habitaría la gloria de Dios y que estaría libre de la infidelidad que había profanado el antiguo (Ez 43). Juan recibe una misión semejante (1).

Para los cristianos, el santuario y el altar (1) habían pasado a ser metáforas; el nuevo santuario es la comunidad de los fieles, en la que habita el Espíritu de Dios (cf. 2 Cor 6,16; 1 Pe 2,5). Así lo indica el texto al poner a los fieles en paralelo con el santuario y el altar; literalmente: "Ve a medir el santuario de Dios y el altar y a los que dan culto en él".

En Jerusalén, el patio exterior del templo podía ser visitado por no judíos. En el nuevo santuario, la comunidad cristiana, la situación es distinta: no hay convivencia pacífica con los paganos: por un tiempo éstos seguirán siendo enemigos y perseguidores de la nueva comunidad. No hay patio exterior (2) donde cristianos y paganos puedan mezclarse sin conflicto.

La comunidad cristiana, la ciudad santa, está siendo pisoteada por los paganos,como lo había sido Jerusalén en tiempo de Isaías (63,18). Juan escribe durante un período de persecución; asegura que ésta no durará indefinidamente, sino cuarenta y dos meses (cf Dn 12,7, la de Antíoco Epífanes) = tres años y medio = mil doscientos setenta días, la mitad de siete años (siete = totalidad / plenitud), es decir, un tiempo mucho menos que suficiente para causar daños irreparables.

Aun a riesgo de sufrir persecución, la misión de la comunidad es dar un testimonio (3), para el que se requieren al menos dos testigos, y ese testimonio es profético. De ahí que la iglesia esté representada por dos figuras de profestas.

Para describir su condición se usan dos imágenes: dos olivos (cf. Zac 4,3.11-14: los dos ungidos, rey y sacerdote, atributos de los cristianos, cf. 1,6; 5,7) y dos candelabros o fuentes de luz, como las siete iglesias en la visión inicial del libro (cf. 1,12) (4). La fuerza de su mensaje es irresistible, los adversarios no pueden impedir su proclamación (5). Las dos figuras aparecen bajo los rasgos de los más celebres profetas del AT; ambas ostentan los atributos de Elías (fuego: 2 Re 1; Eclo 48,1-3; cerrar el cielo para impedir la lluvia: 1 Re 17) y de Moisés (transformar agua en sangre, plagas: Éx 7-12) (6).

El testimonio llega a suscitar la persecución sangrienta por parte del Estado, considerado como una potencia diabólica (7: la fiera que sube del abismo); el poder político les dará muerte, pero la sociedad habrá tenido mucho tiempo de captar el mensaje que proponían (cuando terminen su testimonio). Último ultraje, negarles la sepultura, como a gente rechazada por Dios (Sal 79,3; Jr 8,2; 16,4-7; 25,33; 2 Mac 5,10) (8). La ciudad que tal hace es la que en lenguaje profético (lit. "espiritualmente/inspiradamente") se llama Sodoma, la ciudad abominable destinada a la destrucción y Egipto, la tierra de opresión de donde saca el éxodo de Jesús. Jerusalén, que crucificó al Señor, se convierte en prototipo de ciudad maldita y opresora.

Se pensaba que la muerte esra definitiva pasados tres días; así, a los tres días y medio, creerán haber acabado para siempre con la denuncia que los atormentaba; de todo pueblo y raza: el mensaje evangélico pone en peligro la existencia de cualquier forma de opresión en el mundo (9). Alegría de los impíos que piensan haber cerrado la boca a Dios (10).

Pero la suerte de los testigos -como la de todo cristiano- es la misma de Jesús: el triunfo del mundo es sólo aparente (11). Llegará el día en que sean reivindicados públicamente, cuando será evidente que Dios estaba de su parte. Es decir, los adversarios podrán constatar que la persecución, en vez de ponerle fin, fortalece el movimiento suscitado por el mensaje (12).

La resurrección y exaltación de los dos testigos (11-12) se acompaña de una terrible calamidad, aunque limitada (13: la décima parte); la ciudad puede representar a la sociedad, cuya estructura se ve notablemente afectada; siete mil, una totalidad, ruina de un numeroso círculo o clase social. La calamidad hace comprender. Dieron la razón, lit. "dieron gloria", cf. Lc 23,47; Jn 9,24; Rom 4,20. La calamidad y sus resultados parecen ser un anuncio profético del efecto final del mensaje en la sociedad pagana, la desaparición de la injusticia y el cambio de valores, al fin de los "cuarenta y dos meses" de persecución.

viernes, 24 de septiembre de 2010

EL LIBRITO PROFÉTICO. Ap 10,1-11.

10 1 Vi entonces otro ángel vigoroso que bajaba del cielo envuelto en una nube; el arco iris aureolaba su cabeza, su rostro parecía el sol y sus piernas columnas de fuego.
2 Llevaba en la mano un librito abierto. Plantó el pie derecho en el mar y el izquierdo en la tierra
3 y dio un grito estentóreo, como rugido de león; cuando gritó él, los siete truenos hicieron resonar su estruendo.
4 Cuando hablaron lo siete truenos, me dispuse a escribir, pero oí una voz del cielo que decía; "Guárdate lo que han dicho los siete truenos, no lo escribas ahora".
5 El ángel que había visto de pie sobre el mar y la tierra levantó la mano derecha al cielo
6 y juró por el que vive por los siglos de los siglos (Dn 12,7), por el que creó el cielo y cuanto contiene, la tierra y cuanto contiene, el mar y cuanto contiene: "Se ha terminado el plazo;
7 cuando el séptimo ángel empuñe su trompeta y dé su toque, entonces, en esos días, llegará a su término el designio secreto de Dios, como lo anunció a sus siervos los Profetas".
8 La voz del cielo que había escuchado antes se puso a hablarme de nuevo diciendo: "Ve a coger el libro abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y la tierra.
9 Me acerqué al ángel y le dije: "Dame el librito". Él me contestó: "Cógelo y cómetelo; te amargará las entrañas, aunque al paladar te sabrá dulce como la miel".
10 Cogí el librito de mano del ángel y me lo comí; en la boca me sabía dulce como miel, pero cuando me lo tragué sentí una amargura en las entrañas.
11 Entonces me dijeron: "Tienes que profetizar todavía contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos".

EXPLICACIÓN.

1-11 Se interrumpe de nuevo el proceso destructor, que es sólo el envés de la acción salvadora de Dios. Hasta ahora, estando en el cielo, Juan había contemplado la historia humana descubriendo en ella la realización de los designios divinos. Ahora, en esta pausa que precede al son de la última trompeta, se encuentra de nuevo en la tierra.

En el cielo había visto un ángel vigoroso que invitaba a abrir el rollo de los siete sellos (5,2). Ahora ve bajar del cielo a otro ángel vigoroso. Atributos del ángel: arco iris, continúa la alianza de Dios con Noé, por la que prometió que nunca otro diluvio destruiría la humanidad (Gn 9,12-17); sol, cf. 1,16 (de Jesús); columnas de fuego, cf. 1,15 (1). Éste ángel trae un librito (revelación más limitada), no sellado, sino abierto, dispuesto para la lectura (revelación accesible) (2).

El ángel parece personificar la visión de un relámpago que sale de una masa de nubes apiladas sobre el mar y la tierra (dominio universal de Dios). Antes de hablar, el ángel lanza un grito como el rugido de un león, al que hace eco el séptuple trueno, que simboliza la voz de Dios (Sal 29,3-9; Os 1,10; Am 1,2): es un mensaje divino el que trae. Sin embargo, no todo lo que Dios ha dicho puede ser comunicado por el momento (3-4).

El juramento del ángel tiene por modelo Dn 12,7 (cf. Dt 32,40; Neh 9,6). Se ha terminado el plazo (6); Dios señala el cumplimiento de su designio secreto de salvación (contenido en el rollo sellado) (5-7).

Cuando el fin parecía inminente, se renueva la misión profética de Juan (8). Tiene que digerir y meditar las palabras de Dios para poder transmitirlas eficazmente (cf. Ez 3,1-3). Son palabras de consuelo y de tristeza (dulce y amargo) (9-10). Su mensaje se precisa y su misión se ensancha: ya no habla a siete iglesias (2,1ss), sino a muchos pueblos (11). Ha de exponer en detalle la etapa final, explicando el sentido profundo de la historia; aún no se ha hecho ver el sentido trascendente de la batalla que se libra en el mundo ni se han identificado los contendientes.