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jueves, 7 de octubre de 2010

DERROTA DEL DRAGÓN. Ap 20,1-10.

20 1 Vi entonces un ángel que bajaba del cielo llevando la llave del abismo y una cadena grande en la mano.
2 Agarró al dragón, la serpiente primordial, el diablo o Satanás, y lo encadenó para mil años.
3 Lo arrojó al abismo, echó la llave y puso un sello encima, para que no pueda extraviar a las naciones antes que se cumplan los mil años. Después tiene que estar suelo por un poco de tiempo.
4 Vi también tronos, donde se sentaron los encargados de pronunciar sentencia; vi también con vida a los decapitados por dar testimonio de Jesús y proclamar el mensaje de Dios, los que no habían rendido homenaje a la fiera ni a su estatua y no habían llevado su marca en la frente ni en la mano. Éstos tuvieron vida y fueron reyes con el Mesías mil años.
5 (El resto de los muertos no volvió a la vida hasta pasados los mil años.)
6 Ésta es la primera resurrección. Dichoso y santo aquel a quien le toca en suerte la primera resurrección, sobre ellos la segunda muerte no tiene poder: serán sacerdotes de Dios y del Mesías y serán reyes con él los mil años.
7 Pasados los mil años soltarán a Satanás de la prisión.
8 Saldrá él para engañar a las naciones de los cuatro lados de la tierra, a Gog y Magog, y reclutarlos par ala guerra, incontables como las arenas del mar.
9 Subieron a la llanura y cercaron el campamento de los consagrados y la ciudad predilecta, pero bajó fuego del cielo y los devoró.
10 Al diablo que los había engañado lo arrojaron al lago de fuego y azufre con la fiera y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.


EXPLICACIÓN.

Un ángel sin otras calificaciones (cf. 10,1; 18,1); la llave del abismo, cf. 9,1. Juan adapta el mito de la prisión de las fuerzas del caos; la nueva sociedad no será perturbada por el tentador, por los principios y las seducciones que falseaban la vida del hombre, y se abrirá una posibilidad a la humanidad entera (las naciones). A los tres años y medio de http://www.blogger.com/img/blank.gifpersecución (11,2s; 12,6) se oponen los mil años de paz, una vez desterrado el poder opresor. El número mil se aplica a las realidades históricas para subrayar que en ellas se ejerce la acción del Mesías. Algunos opinan que Juan se inspira en la concepción judía según la cual a cada día de la creación habrían de corresponder mil años de historia; estos "mil años" serían el descanso final, el sábado de la historia humana; sin embargo, la anunciada libertad del dragón por un poco de tiempo parece oponerse a esta idea (1-3).

El juicio (4), con jueces anónimos y en número imprecisado, se celebra solamente para rehabilitar a los que habían sufrido la muerte, por no ceder a la presión y amenazas del poder injusto (13,14-16; 14,9.1; 15,2; 16,2; 19,20); no hay sentencia condenatoria; con vida aun antes de la resurrección, cf. 6,9. La primera resurrección cumple en los mártires las promesas expresadas al princpio del libro (1,6; 5,10: sacerdotes y reyes) en favor de todos los cristianos. Juan no utiliza el verbo "resucitar", sino "vivir" (tuvieron vida).

El período de los mil años puede así considerarse como la posiblidad histórica de una sociedad humana nueva, que ha tenido su origen en el mensaje de Jesús. En ella, no terrenalmente, sino desde su condición de resucitado, reina éste como Mesías (reino mesiánico), es decir, despliega la actividad de su Espíritu, pero asocia a ese reinado suyo a los mártires, que participan de la condición de resucitados; éstos, además, son los intercesores privilegiados que actúan en favor de esa sociedad (sacerdotes). La primera resurrección (6) no es, por tanto, la mera rehabilitación de la memoria de los mártires, viendo en ellos un modelo de seguimiento de Jesús, sino su presencia activa con él desde la esfera divina en la nueva sociedad humana.

El hecho de que sólo se mencionen los mártires (concretamente, los decapitados) como asociados al reinado del Mesías aboga en favor de esta interpretación. De lo contrario, habría que preguntarse cuál es la suerte de los cristianos que se han mantenido fieles, aunque sin llegar al martirio, y a los que se había prometido el mismo privilegio.

El resto de los muertos no tiene aún la clase de de vida propia de los mártires (5).

Los que han obtenido la primera resurrección son los que han superado la muerte física; ya no hay amenaza de muerte para ellos; esto explica su papel en la sociedad nueva (6).

Esta sociedad se verá amenazada una vez más por las fuerzas destructoras, que harán su campaña de engaño, proponiendo de nuevo los falsos valores que parecían desterrados. Gog y Magog, en Ez 38-39, rey mítico y su reino, enemigos del pueblo de Dios; en este pasaje, dos reyes, expresión mítica de los enemigos del plan de Dios (7-8).

Último intento de suprimir a la humanidad liberada, la ciudad predilecta de Dios, anulado por Dios mismo (fuego del cielo, cf. Ez 38,22; Zac 12,9; 2 Re 1,10.12, etc.). Derrota definitiva del poder (lago de fuego); la expresión por los siglos, más que una duración ilimitada significa el carácter irrevocable e inmutable de la sentencia dada (9-10).

miércoles, 6 de octubre de 2010

ALEGRÍA EN EL CIELO. Ap 19,1-10.

19 1 Oí después en el cielo algo que recordaba el vocerío de una gran muchedumbre; cantaban:

- Aleluya.
¡ La victoria, la gloria y el poder
pertenecen a nuestro Dios,
2 porque sus sentencias son legítimas y justas!
Él ha condenado a la gran prostituta
que corrompía la tierra con su fornicación
y le ha pedido cuenta de la sangre de sus
siervos.

3 Y repitieron:

- Aleluya.
El humo de su incendio
sube por los siglos de los siglos.

4 Se postraron los veinticuatro ancianos y los cuatro vivientes rindiendo homenaje a Dios, que está sentado en el trono, y diciendo:

- Amén. Aleluya.

5 Y del trono salió una voz que decía:

-¡Alabad a nuestro Dios todos sus siervos
todos sus fieles,
pequeños y grandes!

6 Y oí algo que recordaba el rumor de una gran muchedumbre, el estruendo del océano y el retumbar de fuertes truenos; decían:

- Aleluya.
¡Ha empezado a reinar
el Señor nuestro Dios,
soberano de todo!
7 Hagamos fiesta, saltemos de gozo
y démosle a él la gloria,
porque han llegado las bodas del Cordero.
La esposa se ha ataviado,
8 le han regalado un vestido
de lino puro, esplendente.

(Y el lino representa
las buenas obras de los consagrados).


9 Entonces me dijo: "Escribe: Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero". Y añadió: "Estas palabras verídicas son de Dios". 10Caí a sus pies para rendirle homenaje, pero él me dijo: "No, cuidado, soy tu compañero de servicio, tuyo y de esos hermanos tuyos que mantienen el testimonio de Jesús; rinde homenaje a Dios". Es que dar testimonio de Jesús equivale a la inspiración profética.EXPLICACIÓN.

Aclamaciones a Dios por su acción; son los últimos coros del libro. El Dios justo no ha tolerado la injusticia y ha rehabilitado a los suyos, injustamente perseguidos y condenados (1-2). De toda la gloria y opulencia anterior no queda más que el humo de la ruina definitiva (3). Último homenaje de los ancianos y los vivientes, que muestran su acuerdo (Amén) y alaban a Dios por lo sucedido (aleluya) (4). Exhortación a la comunidad, para que se una a la alabanza; pequeños y grandes, cf. 11,18; Sal 115,13 (5). La muchedumbre celeste (6; cf. 14,2) celebra la inauguración del reinado de Dios (11,17), es decir, la instauración de la nueva sociedad humana, motivo de gozo inerarrable, descrita en los términos proféticos de la relación esposo-esposa (Os 2,16.19.21; Jr 2,2; 3,1-4; 50,1; 60,10; Ez 16,7s; Sal 45, etc.). La boda, el vínculo de amor y fidelidad con la humanidad rescatada; el vestido de la esposa, regalo del esposo, como el de los siete ángeles de 15,6 (8). El simbolismo nupcial se encontrará con frecuencia en el resto del libro. La frase final (Y el lino representa, etc.) parece una glosa posterior añadida al texto.

El ángel dice a Juan que escriba, para consuelo y ánimo de los cristianos, notificándole el origen divino de sus palabras (9). La eucaristía de las comunidades (cf. 3,20), que expresaba su compromiso por el Reino, era anticipo del banquete definitivo de la humanidad liberada. Se les asegura que su empeño y su esperanza no son vanos.

No hay que apreciar más el carisma profético que el testimonio de la vida. No hay distinción real. El ángel mismo, portador de palabras divinas, no es superior a Juan (profeta) ni a los cristianos que viven su adhesión a Jesús. Los cristianos profetas en la acción (10).